
¿Se puede detectar el Parkinson por el olor?
Joy Milne detectó el Parkinson por el olor mucho antes de que la medicina pudiera nombrarlo.
En 1982 notó que su esposo, Les, olía distinto. No era una impresión vaga. Era un cambio persistente, extraño, difícil de describir. Doce años después, en 1994, a él le diagnosticaron Parkinson. Mucho más tarde, en una reunión de Parkinson’s UK, Joy volvió a percibir exactamente ese mismo olor en otros pacientes y entendió que no pertenecía solo a su marido.
Lo extraordinario vino cuando decidió decirlo en voz alta.
Su observación llegó hasta el neurólogo Tilo Kunath, de la Universidad de Edimburgo, y en una prueba ciega Joy olió doce camisetas, seis de personas con Parkinson y seis de controles. Identificó correctamente las seis del grupo con Parkinson y señaló además una camiseta del grupo de control. Tiempo después, esa persona también recibió el diagnóstico.
La ciencia terminó encontrando lo que ella llevaba años percibiendo.
Un estudio publicado en 2019 analizó el sebo, la capa aceitosa natural de la piel, en 43 personas con Parkinson y 21 controles. El equipo encontró una firma química distinta en ese sebo y relacionó varios compuestos con el olor que Joy describía. El trabajo abrió la puerta a una forma nueva de detectar la enfermedad a través de la piel.
Mas avances
Después, la investigación avanzó todavía más.
En 2022, científicos de Manchester estudiaron muestras tomadas con hisopo del cuello y la parte alta de la espalda de 79 personas con Parkinson y 71 controles. Hallaron 500 compuestos únicos en el sebo de los pacientes y plantearon la posibilidad de una prueba rápida de apenas unos minutos para ayudar al diagnóstico.
Lo que vuelve esta historia tan impactante no es solo la rareza de su olfato.
Es que todo empezó con una mujer diciendo algo que sonaba imposible y negándose a callarlo. No tenía un laboratorio. No tenía un título de investigación. Tenía la memoria del cuerpo de la persona que amaba y la certeza de que algo había cambiado antes de que nadie más pudiera verlo.
Joy Milne no curó el Parkinson.
Pero ayudó a que la ciencia empezara a olerlo. (Tomado de Datos Históricos)
