
He estado pensando en… el cuidado del alma
Por Padre Alberto Reyes Pías ()
Esmeralda, Camagüey.- Cuba es un país en guerra. No hay balas, ni explosiones, ni bombas, pero cada día, a cualquier hora, en cualquier momento, te disparan, te agreden, te atacan… con la corriente que se va, o que tarda en llegar, con los medicamentos que no encuentras, con la incomunicación agobiante, con lo que se acaba o se rompe y no puedes reponer, con los precios que no puedes pagar, con el calor del que no puedes escapar, con las mañanas sin desayunar y las noches sin descansar…
El día se hace a base de golpes, que aguantas, soportas, esquivas, pero que te van quebrando el alma, te traspasan el espíritu y te dejan exhausto.
Y a veces, es tanta la lucha, que ya ni te das cuenta, es tanto el desgaste que no notas que te quiebras, porque el alma no tiene huesos, y no la ves cuando se rompe.
Por eso, en medio de esta guerra absurda, necesitamos cuidar el alma, pues cuando todo esto cambie, vendrán tiempos mejores pero no menos duros, porque necesitaremos reconstruirlo todo: lo material y lo espiritual, los edificios y a los que los habitan, las carreteras y a los que las transitan. Y será esperanzador, pero muy duro.
Por eso, desde ahora, a pesar de los disparos cotidianos, es tiempo de mirarnos el alma, y de cuidarla, para que no se nos rompa.
Es tiempo de abrazar la fe y de buscar a Dios, de aprender a rezar, de traspasar los umbrales de las iglesias, y de volver a entronizar en nuestros hogares al Cristo que salva.
Es tiempo de cuidar a la familia, de reservar tiempos para estar juntos, y salir, y conversar, y “hacer manada”, que son esos momentos en los cuales simplemente se le hace al otro el regalo de “estar”, y tener juntos esos espacios preciosos de “vagancia y amistad”.
Es tiempo de alentar la virtud en nuestros hijos, y mostrarles lo hermoso de preferir la honestidad a la mentira, el respeto al robo y a la violencia, la solidaridad al egoísmo, la diversidad a la uniformidad, el pensar al adoctrinamiento.
Es tiempo de cuidar a los amigos, aquellos que nos han sido dados como un don, y que son ancla en las tormentas, aliento en el cansancio y paz en el llanto.
Es tiempo de no perder el tiempo en mentiras y consignas, en aplausos no sinceros, en actos despreciables que fomentan nuestra esclavitud. Es tiempo de vivir en la verdad, aunque duela, aunque cueste.
Es tiempo de no permitir que nuestro animal interior salga, y que ni el cansancio, ni la incertidumbre, ni la escasez, ni los golpes que recibimos día a día, nos hagan dañar al que camina a nuestro lado, y que ya tiene bastante con sus propias heridas.
Cuidarse en medio de esta guerra, cuidarse y cuidar el alma, porque no lo olvides: el alma no tiene huesos, y no la ves cuando se rompe.






