
No fue convicción, fue presión
Por Yeison Derulo
La Habana.- Miguel Díaz-Canel se paró frente al Parlamento cubano para decir que las recientes reformas económicas no son consecuencia de las presiones de la administración Trump. Hay que tener cara dura para sostener semejante argumento. A estas alturas, pretender que los cubanos crean que los cambios anunciados nacen de una reflexión interna del régimen es subestimar la inteligencia de un pueblo que lleva décadas escuchando el mismo libreto.
Durante años se negaron a implementar medidas que hoy presentan como necesarias y urgentes. Durante años aseguraron que el modelo funcionaba, que el problema era el Embargo, que todo estaba bajo control. No obstante, bastó que Washington endureciera la presión y que figuras como Marco Rubio elevaran el tono para que comenzaran a moverse piezas que llevaban décadas inmóviles. Ahora quieren vender la idea de que todo forma parte de una estrategia soberana. No engañan a nadie.
Lo más llamativo es que muchas de estas transformaciones se vienen comentando desde hace meses en los círculos políticos y económicos relacionados con Estados Unidos. Donald Trump ha dejado claro en más de una ocasión que pretende redefinir la relación económica con Cuba bajo nuevas condiciones. Incluso se ha hablado de escenarios donde los cubanos residentes en el exterior tendrían mayores posibilidades de invertir en la isla. En tanto, La Habana observa, calcula y reacciona. No lidera los acontecimientos; los persigue.
Por eso resulta difícil tomarse en serio la pose desafiante que intenta proyectar Díaz-Canel. Si realmente estas medidas respondieran a una visión propia, ¿por qué no las aplicaron hace diez años? ¿Por qué no las implementaron cuando la economía comenzó a desplomarse? ¿Por qué esperar a que la presión internacional, el aislamiento financiero y el deterioro interno alcanzaran niveles insostenibles? La respuesta es sencilla: porque el régimen nunca cambia por convicción, cambia cuando no le queda otra alternativa.
La realidad es que la iniciativa política no está saliendo de La Habana. El régimen intenta vender fortaleza cuando en realidad está reaccionando a circunstancias que no controla. Puede que Díaz-Canel se esfuerce en aparentar firmeza ante las cámaras, pero los hechos cuentan otra historia. Una historia donde las reformas llegan tarde, obligadas por la necesidad y empujadas por factores externos.
Por mucho que intenten maquillarlo, nadie se cree ya que ellos llevan la voz cantante en esta partida.






