
Epístolas desde La Habana
Por Piero Martínez ()
La Habana.- Por las protestas a los apagones en tu cuadra. El efecto no tuvo fijador. Es que no hay combustible. Ya quisiera el gobierno no tener esos bateos, pero para ello debieron hacerse mucho mejor las cosas con vista muy larga y, fundamentalmente, no convertirse en un deudor crónico.
Nos convertimos primero en un parásito de la URSS y el CAME y creíamos que era real y eterna aquella manera de comerciar y existir.
La industria azucarera y todas las demás se volvieron ineficaces con el desplome del este europeo y desaparecieron gracias a eso, pero se acumuló tanta riqueza que dio para soportar varias crisis. Ahora ya no hay tanto; las cifras ya son personales, por ello empezó a afectarnos de verdad el bloqueo de EEUU y el interno.
No hay estructuras, ni cimientos de nación que soporten. Y ya nadie confía ni un tantico así en nosotros, porque no pagamos nada y en otro tiempo se promulgó a todo pulmón que la deuda era impagable, pero legalmente un deudor es la persona física o jurídica que está obligada a cumplir una obligación, ya sea mediante el pago de una suma de dinero, la entrega de un bien o la realización de una conducta, en favor de un acreedor.
Por no cumplir con eso, nos hemos convertido en mendigos estructurales, dependientes casi en el ciento por ciento de las donaciones y en alguien en quien nadie confía.
Solo despertamos admiración en quienes políticamente están de nuestro lado, por resistirnos, por la heroicidad, pero esos que ideológicamente nos apoyan no tienen para subvencionarnos; ni siquiera tienen suficiente para ellos.
Es solo apoyo moral para que sigamos resistiendo y enfrentando al imperio sangriento que carga una gran parte de las culpas del mundo y, por supuesto, de las nuestras. Pero en la era de abundancia, los de arriba en nuestro panteón político acumularon las riquezas suficientes para asegurar su futuro, con estructuras sólidas de agrupaciones empresariales controladas por militares, una genial idea del fallecido general y yerno de la máxima figura estructural.
Todo lo que genere moneda dura es militar, bajo el romántico nombre de Grupo de Administración Empresarial S.A., y su poder es tan fuerte que acumuló lo suficiente para que los hijos y nietos de la parte alta de la cúpula vivan como millonarios y se exhiban opulentamente por el mundo, contando sus carísimas experiencias en el Yankee Stadium o la Ópera de Milán.
La acumulación fue tanta que, a pesar de las locuras y despilfarros, alcanzó para el blanqueo más cercano en los edificios, Tercera y 70, Torre de K, Grand Mutus y otros.
Hay mucho más, pero ya es suficiente por hoy.






