
Una solinera para la propaganda, un país entero a oscuras
Por Anette Espinosa
Santa Clara.- La dictadura cubana volvió a sacar pecho con la inauguración de una estación de carga rápida y ultrarrápida para vehículos eléctricos en la Autopista Nacional, a pocos kilómetros de Santa Clara.
La presenta como un paso hacia la modernidad, una conquista tecnológica digna de aplausos. La realidad, sin embargo, es otra: millones de cubanos continúan sobreviviendo con apagones interminables, alimentos echándose a perder en los refrigeradores y familias enteras condenadas a vivir a oscuras.
La llamada «solinera», construida por la Mipyme Solguara, funciona con paneles solares y de manera independiente del Sistema Eléctrico Nacional. El proyecto incorpora puntos de carga rápida y ultrarrápida compatibles con distintos estándares internacionales.
También ofrecerá carga gratuita para celulares, ventiladores y lámparas recargables, un detalle que, lejos de reflejar desarrollo, deja al descubierto la magnitud de la crisis energética que la dictadura ha provocado. En un país normal nadie celebraría poder recargar una lámpara; en Cuba se convierte en noticia de primera plana.
El régimen intenta vender esta inauguración como una muestra de su compromiso con las energías renovables. La propaganda choca de frente con los hechos. Más del 95 % de la matriz energética nacional sigue dependiendo de combustibles fósiles, las termoeléctricas se encuentran en estado deplorable tras décadas de abandono y las averías mantienen a la población atrapada en cortes eléctricos que superan con frecuencia las veinte horas diarias.
La nueva normativa que autoriza la importación de vehículos eléctricos y sistemas de carga con fuentes renovables también se presenta como una gran solución. Resulta difícil entender el entusiasmo oficial cuando la inmensa mayoría de los cubanos apenas logra reunir dinero para comprar alimentos.
Hablar de automóviles eléctricos en una nación donde miles de personas se trasladan en camiones abarrotados o recorren kilómetros a pie parece una demostración más de la desconexión de la cúpula gobernante con la vida cotidiana.
El régimen insiste en fijar metas ambiciosas para elevar la generación mediante energías renovables hasta un 24 % en 2030. Los anuncios se acumulan año tras año, aunque los apagones siguen multiplicándose y las promesas terminan convertidas en otro capítulo del extenso historial de incumplimientos de la dictadura.
La estación inaugurada en Santa Clara puede representar una iniciativa positiva desde el punto de vista tecnológico. Lo cuestionable es el intento del régimen de utilizar un proyecto aislado como cortina de humo frente al colapso energético que mantiene a todo un país sumido en la desesperación.
Ninguna solinera podrá ocultar que Cuba continúa padeciendo una crisis provocada por décadas de mala gestión, improvisación y prioridades equivocadas.
Los cubanos no necesitan más ceremonias oficiales ni titulares triunfalistas. Necesitan electricidad estable, inversiones eficientes, transparencia en la gestión pública y un Gobierno que rinda cuentas. Todo eso sigue siendo mucho más difícil de encontrar que una estación de carga recién inaugurada.






