
La épica de Van der Poel: cuando el Tour se convirtió en duelo de titanes
Por Charly Morales ()
Montevideo.- Aquí no hay teatro, aquí no hay exageración… Aquí hay dolor, extenuación, un vaciamiento casi total de energías, porque solo dándolo todo y más se le puede ganar a Tadej Pogačar, como lo hizo ayer el gran Mathieu van der Poel en el cierre de Le Tour de France.
Fue hermoso y épico lo conseguido por el neerlandés en los Campos Elíseos, una victoria que quedará grabada como una de las exhibiciones más titánicas del ciclismo moderno, magnificada por el calibre de su rival y la agonía táctica del recorrido.
Escapar junto al Pogi en la explosiva ascensión a Montmartre exigió una potencia descomunal, generada para romper el férreo control del pelotón. Esta fuga mano a mano sublimó una rivalidad de época, transformando el circuito parisino, tradicionalmente reservado para la coreografía de los trenes de velocidad, en un salvaje duelo de resistencia pura.
Cuando ni el buen Tadej podía más y el enjambre de perseguidores reducía la brecha a escasos cinco segundos, Van der Poel tuvo que exprimir hasta el último vatio en un ataque agónico a 500 metros de la meta. Soportar ese pulso sostenido e inhumano contra velocistas puros como Mads Pedersen y su compañero Jasper Philipsen —el primero en celebrarlo y felicitarlo— sin ser cazado sobre la línea, eleva este triunfo a la categoría de antología y explica el derrumbe del inmenso Mathieu tras cruzar la meta.
Un cierre espectacular, sin duda, para un Tour que resultó mucho más entretenido de lo que parecía tras las etapas iniciales, cuando Pogačar dejó claro que no habría nada para nadie en la general, pero que igual dejó otras batallas y otros héroes en este hermoso deporte.






