
Glamour
Por Ramón Muñoz Yanes ()
Madrid.- El español tiene un fútbol elegante, sin la menor duda. No es un fútbol arrabalero, de ofensas, violento, de entradas con el objetivo de provocar lesiones de por vida en el jugador del equipo contrario. España es otra cosa: es un balompié con clase, de salón, con ese saber estar de quien se sabe dueño de la situación; un juego elitista, europeo en todo sentido. Ver a la selección española es como un desfile de moda en una pasarela parisina o descender a media mañana de un Ferrari en Montecarlo: es literalmente glamour, distinción.
No ofenden, pasan sin descanso. Es inteligencia y no fuerza bruta, es sonrisa y no rostro amenazante. Son una especie de edición especial de un manual de léxico adecuado.
No tienes opción ante España. La selección hispana debería presentar un nuevo uniforme que lleve una chaqueta de Emidio Tucci, con una corbata de Dior y unos calzados de Gaziano & Girling. Son el glamour en persona. Estos chavales son el non plus ultra de la elegancia, hasta para recibir los premios: discretos, sin gestos excesivos, siempre comedidos. Incluso con un léxico que habla ya de por sí de la sociedad española, con el castellano escoltado por el catalán, el vasco, el gallego y toda esa mezcla que en las proporciones correctas hacen de España un país envidiable.
Un fútbol sin ayudas
Hasta en el himno son comedidos: no le ponen letra para no ser envidiados. Ayer los vimos dando capotazos elegantes durante más de noventa minutos, donde sobraron verónicas, chicuelinas y revoleras, hasta llevar al astado a esa entrega que, ante tanto arte, no hubo que matar a espada: inclinó la cerviz para recibir el estoque. Ciertamente, esperábamos más vigor en el ruedo, pero así es el toreo: el arte supera a la iracunda cornada.
Elegancia la española, dentro y fuera de la cancha. Honestamente, no necesitamos más. No necesitamos ayuda en ningún sentido y somos benévolos. Hasta en el resultado se ve la nobleza: no nos ensañamos en meter goles. Uno solo, solamente; hasta para derrotar hay que ser comedido. Con un «golito» pequeñín nos bastó para derrotarlos. El VAR dio el golpe mortal a las manitas de Dios.
A propósito del ámbito celestial, que Dios bendiga a España, y recomiendo, para superar el desastre, aquella letra genial del Morocho del Abasto: «…Por una cabeza de un noble potrillo que, justo en la raya, afloja al llegar…»






