
Cacerolazos sacuden La Habana ante apagones de más de 30 horas
Por Anette Espinosa ()
La Habana.- La noche del jueves al viernes, el repiqueteo de cacerolas y utensilios de cocina volvió a estremecer varios barrios de la capital cubana, en una nueva oleada de protestas vecinales provocada por los prolongados apagones que mantienen a la población al límite de la desesperación. Los cacerolazos, que se han convertido en la expresión más recurrente del malestar social en la isla, resonaron con especial fuerza en San Isidro (Habana Vieja), El Diezmero y El Vedado (https://www.facebook.com/reel/4684240025194718).
En el barrio de San Isidro (https://www.facebook.com/reel/1348453520767702), los vecinos salieron a las calles tras acumular cuatro días consecutivos sin electricidad y cinco sin agua, según reportes difundidos en redes sociales. Las protestas, que incluyeron gritos y consignas contra las autoridades, se sumaron a las manifestaciones registradas en otros puntos de la capital en una jornada que evidenció el hartazgo de una población que ya no encuentra respuestas a sus necesidades más básicas.
En El Diezmero, los residentes también se sumaron a los cacerolazos para exigir el restablecimiento del servicio eléctrico, que en varias zonas de La Habana supera las 35 horas consecutivas de interrupción. La situación se ha vuelto insostenible: las personas no solo carecen de iluminación durante las noches, sino que tampoco cuentan con energía para cocinar sus alimentos, conservarlos en refrigeración o enfrentar las agotadoras noches de calor extremo que azotan la isla en pleno verano caribeño.
Un caos eléctrico
El Vedado, por su parte, se ha consolidado como el epicentro recurrente de las protestas ciudadanas contra los apagones en la capital desde marzo de 2026. Este jueves, los vecinos del céntrico barrio habanero salieron a golpear cacerolas después de más de 30 horas sin electricidad. La ubicación del barrio, a pocas cuadras del Palacio de la Revolución y del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, convierte cada manifestación en esa zona en un desafío directo al poder político del régimen.
Las protestas se producen en un contexto energético devastador. El lunes 14 de julio, el Sistema Electroenergético Nacional (SEN) sufrió su quinto colapso total en lo que va de 2026, el décimo en menos de dos años. El déficit de generación alcanzó los 2.240 MW el jueves, lo que equivale al 69 por ciento de la demanda total del país, con solo 990 MW disponibles frente a los 3.200 MW requeridos. Ocho de las 16 unidades termoeléctricas del país se encontraban fuera de servicio, y la planta Antonio Guiteras acumula 17 desconexiones en lo que va de año.
Promesas y represión
En respuesta a las protestas, agentes de la Seguridad del Estado y dirigentes locales acudieron a varios puntos para intentar disuadir a los manifestantes, prometiéndoles el restablecimiento del servicio para el sábado, una oferta que los vecinos recibieron con escepticismo tras semanas de incumplimientos. El patrón del régimen ante las protestas combina promesas de restauración de servicios —frecuentemente incumplidas— con la represión, una táctica documentada que ha sido denunciada en múltiples ocasiones por organizaciones de derechos humanos.
Mientras tanto, las familias cubanas siguen sumidas en una crisis que el gobierno atribuye al bloqueo estadounidense, pero que los ciudadanos ven como el resultado de décadas de mala gestión y corrupción. Los apagones diarios en La Habana promedian entre 15 y 20 horas, y en provincias como Matanzas han alcanzado hasta 87 horas consecutivas. Las cacerolas, convertidas ya en un «símbolo de libertad y reclamo por la dignidad humana», siguen sonando en las noches habaneras como un termómetro del malestar social que no deja de subir.






