Guerra, mentiras y memorandos: quién está perdiendo

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Por Joaquín Santander ()

Caracas.-Hay quienes, desde la comodidad de sus tertulias, se empeñan en vender la idea de que Irán está sometiendo a Estados Unidos. Que los ayatolás han doblegado al imperio, que Washington tiembla ante los misiles persas y que la estrella de la revolución islámica brilla más que nunca.

Sin embargo, la realidad, como siempre, se escribe con sangre y con frío cálculo estratégico. Y la realidad, esta semana, tiene un nombre: Ahmad Bakhshaesh Ardestani, parlamentario iraní, que ha declarado a Sputnik que Teherán está dispuesto a retomar el memorando con Estados Unidos. Esa es la verdad que duele. Y duele porque la cuentan ellos.

El diputado fue claro: «Por el momento no, pero si EEUU reanuda la aplicación del memorando, Irán podría reconsiderar su postura». Traducción: el memorando está muerto, pero si Washington lo resucita, Teherán se sienta a la mesa. No es una amenaza. Es una oferta. Y las ofertas, en tiempos de guerra, no las hace el que está ganando. Las hace el que necesita una salida. Porque nadie que esté machacando al enemigo se para a preguntar si quiere negociar. El que machaca, machaca. El que negocia, negocia porque las cosas no le van del todo bien.

La guerra empeiza a pasar factura a Irán

Los mismos que hoy celebran los ataques con misiles y drones contra objetivos estadounidenses en Kuwait, Jordania y el derribo del MQ-9 Reaper en el suroeste de Irán, son los que ahora ponen sobre la mesa la posibilidad de un nuevo entendimiento. ¿Casualidad? No. Es estrategia. Es el arte de medir fuerzas, de saber cuándo apretar y cuándo aflojar. Y que Irán esté dispuesto a reavivar el memorando no es señal de victoria, sino de que la factura de la guerra empieza a pasar factura en Teherán.

Porque una cosa son los comunicados triunfalistas del CGRI y otra muy distinta la economía iraní, el desgaste militar y el cansancio de una población que ya ha visto demasiadas batallas. Estados Unidos ha revocado el memorando, dice Ardestani. Y Estados Unidos puede retomarlo. Pero mientras tanto, los bombardeos no han cesado. El Centcom ha anunciado una nueva ronda de ataques. Y los misiles iraníes han respondido. Pero la guerra no se gana con fuegos de artificio. Se gana con capacidad de aguante. Y el aguante, en este momento, parece tener dos ritmos muy distintos.

Irán clama por otra negociación

No hay que ser estratega militar para entenderlo: el que pide negociar no es el que está arrasando. Es el que está resistiendo. Y resistir no es lo mismo que vencer. Irán ha demostrado que puede golpear, que puede derribar drones y que puede hacer daño. Pero también ha demostrado que el coste de seguir golpeando sin una salida diplomática es cada vez más alto.

Por eso el memorando vuelve a la mesa. Porque la guerra, señores, no es un partido de fútbol. Y los que creen que Irán está sometiendo a Estados Unidos deberían preguntarse por qué Teherán está tan interesado en reabrir un canal de diálogo que ellos mismos dieron por cerrado.

Al final, la guerra no la ganan los que más bombardean. La ganan los que más aguantan. Y el que aguanta no ofrece treguas. El que aguanta no dice «si ustedes reanudan, nosotros reconsideramos». El que aguanta, calla, aprieta los dientes y sigue disparando.

Así que cuando un parlamentario iraní habla de retomar el memorando, no está anunciando una victoria. Está anunciando que la guerra también duele del otro lado. Y que el que ofrece una salida no es el que está arriba en el marcador. Es el que está viendo cómo el partido se le complica.

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