
¿Una venda en los ojos o un gobierno maligno?
Por Jorge Menéndez ()
Cabrils.- En Cuba ya ni hace falta escoger, porque el poder se encarga de suministrar ambas cosas. Ahora dicen que cibermercenarios del imperio quieren desestabilizar el país. Qué conveniente: cada vez que el desastre se les sale de las manos, aparece un enemigo nuevo, siempre extranjero, siempre omnipotente, siempre culpable de todo.
Los reporteros acreditados en Cuba —los pocos que logran pasar el filtro— son acusados de servir a cadenas imperiales y de actuar con saña, pero todos sabemos cómo funciona el juego: si un periodista incomoda, no se acredita; y si se acreditó por error, se expulsa. Así ha sido siempre. Control de prensa versión siglo XX, reciclado para el XXI.
¿El problema? Que con los llamados «ciberterroristas» no pueden aplicar la misma receta. No se puede expulsar a un hashtag. Así que recurren a lo único que les queda: tumbar el internet. Lo hacen con la misma naturalidad con la que prometen soluciones que nunca llegan.
La obseción de tener culpables
El gobierno cubano vive obsesionado con encontrar culpables afuera. Es casi un deporte nacional. Mientras tanto, el sistema eléctrico se cae a pedazos: líneas viejas, mantenimiento inexistente, generación insuficiente. Un espejo perfecto del país: paralizado, oxidado y sostenido por promesas de energía solar, transformadores milagrosos y baterías que nunca aparecen. Cuba ha llegado a un punto de descontrol absoluto. No por culpa de un enemigo externo, sino por un gobierno que lleva décadas administrando la ruina con la misma torpeza con la que administra sus excusas.
Ese gobierno tiene que irse. No hay arreglo posible mientras los mismos responsables del desastre sigan firmando decretos. El pueblo cubano espera a Trump como quien espera a un mesías cansado; yo ya dejé de creer en él: habla demasiado, amenaza demasiado y hace demasiado poco. Nuestro destino está en nuestras manos, no en la boca de ningún político extranjero. Mientras eso no se entienda, la pobreza seguirá creciendo como maleza.
Un gobierno serio asume sus aciertos y sus errores. El cubano, en cambio, se especializa en buscar enemigos imaginarios para justificar su incompetencia real. Han llevado a un país que fue próspero a la ruina total. Y encima pretenden que les demos las gracias.






