
Señor Ministro, la dignidad no se adapta
Por Jorge Sotero ()
La Habana.- El barítono cubano Ulises Aquino Guerra no escribió una carta. Escribió un emplazamiento. Y lo hizo en voz alta, en redes sociales, sin filtros ni cortesías protocolares. El destinatario: Vicente de la O Levy, ministro de Energía y Minas. El motivo: unas declaraciones que, según Aquino, invitaban a los cubanos a «adaptarse» a vivir sin electricidad. Y el cantante, que conoce de registros y de intensidades, le respondió con la única nota que no admite silencio: la de la dignidad.
«Yo no tengo que adaptarme a nada», sentenció. Ni a estar sin corriente, ni a que el SEN se caiga cada día. Porque para eso, señor ministro, usted está en su cargo. Para resolver, no para naturalizar el desastre. Aquino recordó que hace apenas unos años el entonces ministro Alejandro Gil aseguró en Mesa Redonda que Cuba producía el sesenta por ciento del combustible que necesitaban sus plantas. ¿Era falso? ¿Nos mintieron? Y si no había seguridad energética, ¿por qué se construyeron hoteles a mansalva, conectados a la misma red que el pueblo?

Lo peor de sus palabras, le dice Aquino, no es el desastre que vivimos. Lo peor es que usted nos recomienda resignarnos. Eso sí es grave. Porque no se trata solo de la corriente eléctrica. Se trata de que usted seguirá en su puesto, con aire acondicionado y despacho, mientras el pueblo se pudre en la oscuridad. Nosotros no podemos botarlo. Somos nosotros los que, en nombre de la incapacidad de ustedes, estamos obligados a soportarlos y a tragar con su irrespetuosa manera de dirigirse a los ciudadanos.
Las cuentas
Y entonces Aquino saca la calculadora. Y no le gustan los números. ¿Que el bloqueo es el culpable de todo? Bueno, hagamos cuentas. Por arribita nomás, 19 mil millones de dólares en hoteles. Rusia condonó 30 mil millones. El Club de París perdonó intereses. A Japón le debemos 1.170 millones, a México 340, a España 500. ¿A dónde fue a parar ese dinero? Hoy la deuda externa ronda los 41 mil millones. Solo de intereses, al cinco por ciento anual, son 1.500 millones que no se pagan. Y el pueblo, que no firmó esos papeles, termina pagando con su sangre, su sudor y sus apagones.
Y todavía no es eso lo peor. Lo más grave, dice el barítono, es que al no invertir en las termoeléctricas, no tendremos jamás cómo pagar esa deuda. Estaremos condenados, como usted dijo, a adaptarnos a ser miserables en el siglo XXI. Tenemos que aceptarlo a usted y a los demás. Cuando lo honesto, lo justo y lo revolucionario sería que tuvieran el honor de dimitir. Porque si yo, señor ministro, fuera un cretino quizás aceptaría su propuesta. Pero mis hijos no. Mis nietas no. Los hijos de los amigos tampoco.
Por eso, concluye Aquino, se impone una consulta popular. Para que los que usted pretende que nos resignemos y nos jodamos todavía más, expresen con su voto y con su voz si están dispuestos. Esto no es un sacrificio más. Es extinguir definitivamente los sueños de una nación completa para sostener un sistema económico que ha fracasado. Ustedes lo saben. Por eso sacan de debajo de la manga 176 medidas capitalistas, imposibles de llevar a cabo, sobre todo cuando no tenemos lo principal para que produzcan. Electricidad. Sin ella, no hay fábrica, no hay futuro, no hay nada. Solo queda la oscuridad, y la vergüenza de quienes pretenden que nos acostumbremos a ella.






