Banfield: el apellido que cruzó el océano

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Por Rafa Junco ()

Madrid.- Esta noche, Inglaterra y Argentina se enfrentan en una semifinal del Mundial. Dos países con historia, con desencuentros, con un pasado que a veces pesa más que el presente. Pero existe un pequeño hilo que une a ambos cada vez que alguien pronuncia una palabra muy conocida en el fútbol argentino: Banfield. No es un nombre cualquiera. Es el apellido de un inglés que murió sin imaginar que su identidad terminaría convertida en ciudad, y también en club de fútbol, al otro lado del mundo.

Se llamaba Edward Banfield. En el siglo XIX, Argentina estaba comenzando a construir una red ferroviaria que cambiaría su geografía para siempre. Una de las empresas que participó en aquella expansión fue el Ferrocarril del Sud, conocido en inglés como Buenos Aires Great Southern Railway. Edward Banfield fue su primer gerente general. Bajo su administración, los rieles comenzaron a extenderse desde Buenos Aires hacia el sur de la provincia, conectando poblaciones, campos y mercados en un país que estaba transformando su territorio a velocidad de vértigo.

Un apellido y un camino extraordinario

Pero Banfield no viviría para ver una de las consecuencias más curiosas de su paso por Argentina. En 1872 regresó enfermo a Inglaterra y murió en Londres. Al año siguiente, una nueva estación ferroviaria fue bautizada con su apellido: Banfield. Alrededor de aquella parada comenzaron a instalarse familias y a crecer una comunidad situada al sur de Buenos Aires. Con el tiempo, el nombre de la estación terminó convirtiéndose también en el nombre de la localidad. Un gerente que nunca volvió, un apellido que nunca se fue.

Pero la historia todavía tenía otro giro. Durante las últimas décadas del siglo XIX, numerosas familias británicas se establecieron allí. El 21 de enero de 1896, un grupo de profesionales y comerciantes ingleses decidió fundar un club. Lo llamaron como el pueblo: Club Atlético Banfield. Sus primeros años estuvieron profundamente ligados a las costumbres británicas. De hecho, el primer partido disputado por la institución no fue de fútbol, sino de cricket. Sin embargo, el fútbol fue ganando espacio, y el club sobrevivió a crisis, descensos y reconstrucciones hasta convertirse en una institución histórica del fútbol argentino.

Así, el apellido de un hombre nacido en Inglaterra terminó recorriendo un camino extraordinario. Primero fue el nombre de un gerente ferroviario. Después, el de una estación. Luego, el de una ciudad. Y finalmente, el de un club que representa a miles de argentinos. Hoy, cuando Inglaterra y Argentina se enfrentan en el campo de juego, quizá nadie piense en Edward Banfield. Pero cada vez que un hincha grita el nombre de aquel club del sur de Buenos Aires, está pronunciando, sin saberlo, el apellido de un inglés que cruzó el océano para quedarse para siempre.

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