
España encontró un héroe de último minuto y mandó a Portugal para la casa
Por Robert Pratt
Texas.- Cuando parecía que el fútbol se había quedado sin ideas, apareció Mikel Merino. Minuto 91. Un pase de Ferran Torres, un remate seco al primer palo y España explotó. Portugal se quedó inmóvil. Cristiano Ronaldo bajó la cabeza y se despidió para siempre. El Mundial se terminó para los lusos.
Fue un partido de esos donde nadie quería regalar un centímetro. España tuvo más la pelota, buscó más el arco rival y encontró en Diogo Costa al principal obstáculo. Portugal, mientras tanto, apostó por esperar, resistir y salir con velocidad cada vez que podía. Estuvo cerca también, pero Unai Simón respondió cuando hizo falta.
Lamine Yamal volvió a ser ese futbolista capaz de alterar cualquier defensa con un simple cambio de ritmo. No marcó, pero fue el jugador que más preocupó al conjunto portugués durante buena parte del encuentro. Del otro lado, Cristiano luchó como siempre, aunque esta vez el fútbol no le concedió una última alegría.
Cuando todos daban por hecho que el duelo se iría a la prórroga, apareció Merino. Entró desde el banquillo y necesitó apenas unos minutos para convertirse en el héroe de la noche. Definió con tranquilidad y silenció a una selección portuguesa que había resistido durante noventa minutos.
España vuelve a instalarse entre los ocho mejores del Mundial gracias a un equipo que compite, insiste y nunca deja de creer. No fue su partido más brillante, pero sí uno de los más maduros. Supo sufrir, supo esperar y encontró el premio cuando el reloj ya parecía marcar el camino hacia el tiempo extra.
Portugal se despide con la sensación de haber estado muy cerca. Defendió con orden, tuvo ocasiones y volvió a demostrar que sigue siendo una selección competitiva. Sin embargo, en los grandes torneos un descuido suele costar demasiado. Y este costó un Mundial.
El fútbol volvió a recordar una de sus reglas más viejas: no siempre gana el que más brilla, sino el que aprovecha el momento justo. España lo hizo. Portugal no. Y eso terminó marcando toda la diferencia.






