
El discurso que aísla también reprime
Por Sergio Barbán Cardero ()
Miami.- No sé si esta persona habla desde la ingenuidad, desde el desconocimiento o desde otra intención, pero sus palabras son reveladoras. El problema no está solamente en lo que dice, sino en la estructura del mensaje. Empieza con aparente empatía hacia Ana Bensi (https://www.facebook.com/reel/1760963675265023), reconoce su valentía, dice que no está sola, pero luego introduce la misma idea que la dictadura lleva años sembrando en la mente de los opositores: que el pueblo no la recibió, que esperaba aplausos, que la realidad fue otra, que al final estaba prácticamente sola.
Ese es el mismo método psicológico que se usa en los interrogatorios: primero te hablan suave, luego te dicen que te entienden, después te muestran el aislamiento, y finalmente te empujan a dudar de ti mismo. No necesitan golpearte para quebrarte; a veces basta con hacerte creer que nadie está contigo.
Pero hay una diferencia enorme entre estar sola y estar cercada. Ana Bensi no estaba sola: estaba rodeada por el aparato represivo de una dictadura que sabe perfectamente cómo impedir que la gente llegue, cómo cerrar calles, cómo intimidar amigos, vecinos y familiares, y cómo después fabricar la narrativa de que “nadie la apoyó”.
Repetir esa idea, aunque se haga con tono de consejo o preocupación, es convertirse en caja de resonancia del régimen. Porque el éxito mayor de la dictadura no es solo reprimir a una joven valiente, sino lograr que otros repitan el mensaje que ellos quieren imponer: “estás sola, nadie va a venir, nadie se va a mover”.
Y eso es falso. Ana no está sola. La están intentando aislar. Y no es lo mismo.
Y ahora pregunto, sobre todo a quienes alguna vez pasaron por una oficina de la Seguridad del Estado:
¿No les resulta conocida esta palabrería? ¿No han escuchado antes ese mismo tono de “yo te entiendo”, “pero estás sola”, “nadie vino”, “nadie te apoyó”, “el pueblo no respondió”? ¿No les suena también aquella frase de “lo mejor que puedes hacer es irte a otro país y emprender una vida afuera”?
A veces la dictadura no necesita hablar directamente. Le basta con encontrar bocinas que repitan su libreto.






