
Bruno Condeneitor quiere engañar al mundo
Por Jorge Sotero
La Habana.- Otra vez el libreto de siempre. Cuando el país se hunde entre apagones, escasez, salarios pulverizados y una emigración que vacía barrios enteros, la prioridad vuelve a ser convocar el 7 de julio una sesión extraordinaria en la ONU para denunciar a Estados Unidos.
Llamar «genocidio» al bloqueo puede servir para encender discursos y titulares, pero difícilmente llena una farmacia sin medicamentos o un mercado sin alimentos. Si todo es culpa del vecino del norte, alguien tendrá que explicar por qué después de más de seis décadas el modelo económico sigue necesitando un culpable externo para justificar cada fracaso interno. La autocrítica, al parecer, continúa siendo el recurso más escaso de la isla.
Bruno Rodríguez, alias Bruno Condeneitor, habla de un «crimen de lesa humanidad en plena ejecución», mientras millones de cubanos llevan años ejecutando otro deporte nacional: hacer colas, sobrevivir a los apagones y despedir familiares en los aeropuertos.
Resulta curioso que la urgencia diplomática aparezca siempre con una precisión quirúrgica cuando toca denunciar al adversario, pero desaparezca cuando se trata de responder por los problemas que afectan a la población todos los días.
Y ahora prometen declaraciones «más contundentes», material audiovisual exclusivo y nuevas denuncias sobre el «genocidio silencioso». Todo muy cinematográfico, salvo por un detalle: la realidad del cubano ya no necesita narrador. La cuentan los anaqueles vacíos, los hospitales deteriorados, el transporte colapsado y los miles de jóvenes que no sueñan con asistir a una sesión de la ONU, sino con conseguir un pasaje de salida.
¿La culpa de todo esto es del bloqueo? Ese comodín ya no les sirve aunque convoquen 20 sesiones urgentes en la ONU. Ni Donald Trump, ni Marco Rubio, ni el que venga tienen culpa de tanto fracaso acumulado durante décadas. Todos sabemos quién causó es este desastre. Y si en verdad la ONU se respetara, la única sesión que convocaría es para sacar del poder a estos dictadores asesinos.
Al final, caemos en el mismo círculo vicioso de siempre. Mientras el régimen mira hacia Nueva York para buscar condenas internacionales, buena parte del pueblo sigue mirando hacia la puerta de su casa esperando que algún día entren la electricidad, la comida y la esperanza al mismo tiempo sin tener que acudir a la ONU.






