El niño que devolvió el dinero y se ganó un padre

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Por Rafa Junco ()

Madrid.- Tenía siete años y en el polvo de Chinna Semur, cerca de Erode, sus dedos tropezaron con una bolsa que contenía 50.000 rupias. Para su familia, de recursos limitados, aquello era un caudal. Podía haber guardado el dinero, comprar zapatos nuevos o llenar la nevera durante meses. Pero Mohammed Yasin, con la lógica aplastante de los niños buenos, supo que aquello no era suyo. Sin dudarlo, cogió la bolsa y fue a buscar a su maestra.

Entregó el dinero sin aspavientos, con la naturalidad de quien devuelve un lápiz prestado. La policía de Tamil Nadu, sorprendida por tanta transparencia, le regaló uniformes y útiles. Pero la prensa se volcó y entonces el niño, tímido y firme, soltó un deseo que no era una petición de ayuda: quería conocer a Rajinikanth, el dios del cine indio. No pidió becas ni un futuro mejor; pidió un apretón de manos a su ídolo.

El actor, que tiene el corazón tan grande como su fama, no dudó. Los recibió en su residencia de Poes Garden, en Chennai. La foto es inolvidable: Yasin, sentado en el regazo de la estrella, sonríe sin ser consciente de que su vida acaba de cambiar. Rajinikanth, conmovido hasta la médula, elogió la educación de sus padres y, con la solemnidad de quien firma un pacto, anunció que pagaría sus estudios y que lo consideraría como a un hijo.

Yasin no devolvió la bolsa para llegar a ese sillón. Lo hizo porque en su pecho de niño había un principio más viejo que él: el sudor de otro no se toca. Podía haber vuelto a casa con las manos llenas de billetes, pero prefirió regresar con las manos vacías y el alma llena. Esa es la gran paradoja de los honestos: ganan sin poseer.

Su decisión no solo reunió a un actor y un niño; sacudió a toda una nación que veía en aquel gesto un espejo. La integridad no se mide con aplausos, sino cuando la calle está sola y el dinero brilla en el suelo. Yasin eligió la paz de la conciencia y, de paso, la vida le devolvió con creces: le dio un ídolo que ahora es su padrino. A veces, la justicia poética existe y se llama ejemplo.

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