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Por René Fidel González ()

Santiago de Cuba.- Para un Gobierno que niega el derecho a la igualdad política de su población; que es la cúspide de un sistema de exclusión política extremadamente codificado y desarrollado desde el punto de vista institucional, legal y cultural; que ha sido, por otra parte, históricamente capaz de reprimir exitosamente cualquier tipo de disidencia, oposición o forma de autoorganización política de su población; y de despreciar, no reconocer o desactivar sus demandas de derechos, libertades y autodeterminación, el problema más importante no es:

que el sistema político sea una variable estructural clave que, inevitablemente, condiciona la economía y la capacidad de resolver distintos problemas socioeconómicos;

tampoco que la mayoría de las soluciones económicas realizadas hayan tendido a ser parciales, inestables, reversibles, ineficientes o, de forma compleja, desastrosas;

menos aún, que puedan existir márgenes y momentos transitorios de mejora de la situación actual mediante reformas institucionales y económicas.

No lo es siquiera cómo refuta o impide la importantísima, urgente —y lejos de lo que se estima, actual e inminente— hipótesis geopolítica de que el sistema político cubano es uno que debe ser reemplazado.

Pueden hacer todo para aplazarlo, tal como ahora parecería que hacen; pero el problema de ese Gobierno, de los hombres y mujeres de ese Gobierno, en realidad de todos nosotros y de la sociedad cubana en su conjunto, es político.

Mientras no se entienda —y me refiero a ti y al Gobierno— que este es el problema, y que superarlo trata de cómo convertir la política en una oportunidad y una agencia para la autenticidad, la realización y la felicidad de los cubanos, no se entenderá el tramo del laberinto del subdesarrollo en que estamos, ni tampoco aquel en el que entraremos para vagar por él durante mucho tiempo, como si hacer tal fuera nuestro destino.

El problema no es solo del Gobierno, es también tuyo.

Si te llaman para oír la opinión que tienes sobre la economía, es porque te usan para seguir excluyendo a otros, pero te están excluyendo a ti; lo sabes, no hay excusas: el dato determina invariablemente el resultado.

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