La sátira y la caricatura política como expresión de la conciencia social

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Por Joel Fonte

La Habana.- La caricatura política es una herramienta de comunicación crítica, generalmente dirigida contra quienes detentan el poder político.

Asimismo, la sátira es un discurso, gráfico o no, y siempre agudo, mordaz, dirigido a censurar, a criticar, y hasta a entretener a partir de la política.

Ambas tienen una larga historia.

La Sátira en particular era ya familiar para los romanos, y el primer satírico conocido es Aristófanes, que dirigió una sátira a uno de los primeros filósofos de la antigüedad, Sócrates.

En nuestro continente, en Norteamérica, la primera caricatura periodística la creó, mucho antes de la Revolución de las Trece Colonias de 1776, Benjamin Franklin, en 1754, y fue ‘únanse o mueran’, representando a las colonias americanas como una serpiente dividida.

En nuestro país, también mucho antes del surgimiento de la República, ya se conoció la primera Sátira contra el colonialismo en 1869: El Diablo Cojuelo, editado en La Habana.

Ocurrió tardíamente en relación con la llegada de la imprenta a la isla más de un siglo antes, de la mano del belga Charles Habré, en 1720.

A partir de 1902, con la constitución de la República de Cuba, las distintas fuerzas políticas que existían en el país, y los mismos ciudadanos a título independiente, en un contexto de libertad de prensa, hicieron uso de la caricatura y la sátira política para denunciar a los gobiernos de turno, su mal manejo de los fondos públicos, la malversación, la corrupción, todos los males que dañaban al país.

Unidas a la idiosincrasia de nuestra nacionalidad, a nuestra cubanía y rasgos criollos, la caricatura y la sátira no solo fueron instrumentos de polémica y discusión política, sino parte del entretenimiento y el costumbrismo social.

Pero con la irrupción de Fidel Castro en el 1959, y la imposición casi meteórica de un modelo de dictadura comunista importada de la Unión Soviética, y radicalizada aquí, la política dejó de ser instrumento de gobierno colectivo para devenir en herramienta de censura, de control social, de pretexto para la represión, y cualquier voz disidente, cualquier imagen que implicara denuncia de males sociales, de corrupción política, o que simplemente ironizara con la visión sacrosanta del régimen y de sus caudillos que los Castro habían impuesto y normalizado, se hizo enemiga y fue criminalizada.

Hoy, cuando la sociedad cubana vive un contexto de agudo drama social, económico, político; cuando el pais y su nación viven un proceso donde se determina su futuro, la posición estática y acritica de millones de cubanos no puede persistir.

En un contexto así, el civismo y los valores que lo mueven, obligan a cualquier cubano con visión ciudadana a participar del debate, de la acción política.

Y entonces, la caricatura y la sátira política, con el empleo de las nuevas tecnologías digitales, vuelven a tener relevancia…

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