
Gerardo Hernández encuentra sangre, pero los CDR siguen sin encontrar relevancia
Por Anette Espinosa
Santiago de Cuba.- Los CDR de Gerardo Hernández arrancaron en Santiago de Cuba su Jornada Nacional de Donaciones de Sangre y la noticia fue recibida con el mismo entusiasmo con que la población recibe los apagones: ya saben que vienen y no tienen mucho margen para evitarlo.
Desde temprano, la prensa oficial mostró imágenes de personas extendiendo el brazo para donar, mientras miles de cubanos siguen extendiendo el suyo para pedir medicamentos que nunca aparecen.
La campaña, según explican los organizadores, busca fortalecer las reservas de sangre en los hospitales. Lo curioso es que en muchos de esos mismos hospitales faltan jeringuillas, antibióticos, analgésicos y hasta agua en determinadas ocasiones. Pero bueno, siempre queda el consuelo de que habrá sangre disponible para un sistema de salud que hace años vive conectado a una transfusión de propaganda.
Por supuesto, no podía faltar la bendición de los CDR, esa organización que insiste en demostrar que sigue viva, aunque medio país crea que pertenece al mismo museo donde guardan los discursos de los años setenta. Cada vez que aparece una actividad de este tipo, los Comités salen a recordarle al pueblo que todavía existen, aunque la mayoría de los vecinos solo los recuerde cuando toca alguna reunión que nadie quiere atender.
Y hablando de CDR, resulta imposible no acordarse de Gerardo. El coordinador nacional seguramente celebrará la jornada como una gran victoria revolucionaria. Quizás hasta aparezca en redes sociales explicando cómo la solidaridad cubana sigue siendo ejemplo para el mundo. Lo que no explicará es por qué cada vez más jóvenes hacen cola para emigrar y no precisamente para ingresar a los Comités de Defensa de la Revolución.
Al final, la sangre donada servirá para salvar vidas, que es lo verdaderamente importante de toda esta historia. Lo demás es el habitual espectáculo político que acompaña cualquier iniciativa en Cuba. Una cosa es donar sangre para ayudar a un paciente y otra muy distinta es intentar vender cada extracción como si fuera una prueba irrefutable de que el sistema funciona de maravillas.
Y si llegaste hasta aquí, te voy a responder lo que hace rato estás preguntándote: ¿de dónde vamos a sacar sangre para donar, si ni sangre tenemos por tanta hambre? Justo ahí es donde se termina la ficción y empieza la realidad.






