Crónica del emigrante

Comparte esta noticia

Por Manuel Viera ()

Como les había dicho, tuve la necesidad de cambiar de trabajo para que Susma pueda trabajar. Ahora trabajamos los dos y económicamente estamos mucho más estables.

Mi nuevo trabajo de repositor en un mercado no me gusta como el trabajo de panadero. Siento que pierdo el tiempo y apenas trabajo, pero la realidad es que paga casi lo mismo que la panadería y trabajo muchísimo menos. Es cuestión de que me gusta trabajar mucho y el trabajo de repositor es bastante aburrido.

Mi nuevo trabajo está muy cerca de mi casa, prácticamente soy mi propio jefe porque nadie me da órdenes y decido yo mismo qué hacer en la medida de la necesidad de abastecimiento del mercado. Decido la velocidad a la que trabajo y estoy aprendiendo un montón de portugués, sobre todo palabras que jamás hubiese aprendido fuera de un hortifruti.

Me da un montón de beneficios, como poder ir al dentista gratis, consultas gratis en más de 30 especialidades médicas, nutricionista, entrenador físico, psicólogo, seguro de vida y un crédito inicial por el valor del 40% de mi salario. Pero el mayor beneficio es que me da tiempo para hacer viajes de mensajería entre las 7 a. m. y las 2 de la tarde.

Paso 8 horas quitando cáscaras de cebolla, acomodando huevos, limones y frutas. Tengo, además, la comida garantizada y me dan, por sobre el salario, vales de 86 reales los domingos y dinero por no ausentarme durante el mes, lo que acá en Brasil se conoce como asiduidad.

Será temporal, claro, pero solo me iré de ahí por un trabajo que pague muy bien, porque cómodo sí estoy. Y uno se pone triste, se pone a pensar y dice: coño, haber estudiado tanto, conocer un montón sobre Sistemas Integrales de Gestión, de contabilidad, Costos, Precios, de negociación y contratación para terminar acomodando limones.

Luego se te quita cuando te das cuenta de que amontonando limones ganas en un mes 40 o 50 veces lo que ganarías en Cuba como abogado o dirigiendo una empresa, y todo sin robar ni gritar consignas.

En estos días les voy a enseñar mi progreso en cinco meses en este país. Ya mi apartamento no es solo paredes vacías. Es impresionante y no hay forma de progresar de esa manera en Cuba en tan corto tiempo, a no ser que optes por el carnet del partido y decidas robarte el almacén de la empresa que dirijas, y eso no lo he tenido que hacer. Aquí basta con trabajar en libertad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo más consultado hoy