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Por Albert Fonse ()

Vancouver.- Muchos cubanos ven propuestas como un Pacto de Libre Asociación con Estados Unidos como algo lejano o imposible. Sin embargo, la realidad demuestra todo lo contrario.

A diferencia del estatus de Puerto Rico —cuya relación política con Estados Unidos tiene raíces que se remontan a mediados del siglo pasado— los Pactos de Libre Asociación entre Estados Unidos, las Islas Marshall, Micronesia y Palaos son acuerdos modernos que continúan renovándose en pleno siglo XXI.

La evidencia más reciente es clara. El nuevo acuerdo con Micronesia fue firmado el 23 de mayo de 2023. El acuerdo con Palaos fue firmado el 22 de mayo de 2023. El acuerdo con las Islas Marshall fue firmado el 16 de octubre de 2023. Posteriormente, todos fueron aprobados por el Congreso de Estados Unidos y entraron en vigor en 2024, garantizando la asistencia económica hasta el año 2043.

Lo interesante es que las negociaciones para estas renovaciones comenzaron durante el primer mandato de Donald Trump, aproximadamente en 2019. Más tarde continuaron bajo la administración de Joe Biden hasta llegar a su aprobación definitiva. A pesar del cambio de presidente y de partido político en la Casa Blanca, los elementos fundamentales permanecieron prácticamente intactos.


Los acuerdos de defensa se mantuvieron. La cooperación económica se mantuvo. La relación estratégica entre las partes se mantuvo. Las negociaciones se concentraron principalmente en cuestiones relacionadas con la ayuda financiera, los programas de desarrollo y la implementación administrativa. Los pilares fundamentales del acuerdo nunca estuvieron realmente en discusión.

Esto demuestra que los Pactos de Libre Asociación han alcanzado un nivel de estabilidad poco común en la política internacional. Ya no dependen de una administración específica ni de una ideología política determinada. Se han convertido en una política de Estado respaldada tanto por republicanos como por demócratas, porque han demostrado ser beneficiosos para todas las partes involucradas.

Ese es precisamente uno de los aspectos más atractivos de este modelo para Cuba. Nuestro país necesita una solución que ofrezca estabilidad durante décadas, no durante un solo mandato presidencial. Cuba necesita tiempo para reconstruir sus instituciones, modernizar su infraestructura, atraer inversiones, recuperar su economía y sanar las heridas acumuladas por más de medio siglo de dictadura.

Por esa razón, si algún día Cuba negociara un Pacto de Libre Asociación con Estados Unidos, considero que debería establecerse por un período mínimo de cincuenta años. Un plazo de esa magnitud enviaría una señal clara al mundo de que existe estabilidad jurídica y política suficiente para invertir, producir y crear riqueza a largo plazo.

Cincuenta años permitirían transformar a Cuba sin la incertidumbre constante de cambios políticos repentinos. Permitirían crear una economía fuerte, desarrollar una verdadera clase media, fortalecer el Estado de derecho y construir instituciones democráticas sólidas. También darían a Estados Unidos la tranquilidad de saber que Cuba permanecería dentro de una esfera de cooperación y seguridad compatible con sus intereses nacionales.

Al finalizar ese período, podría celebrarse un plebiscito libre y democrático donde el pueblo cubano decidiera el siguiente paso. Los cubanos podrían optar por renovar el acuerdo, modificarlo o incluso decidir si desean una integración más profunda con Estados Unidos. Lo importante es que esa decisión se tomaría desde una posición de prosperidad, libertad y estabilidad, no desde la pobreza, la represión y la desesperación.

Las Islas Marshall, Micronesia y Palaos demuestran que estos acuerdos no son una reliquia del pasado ni una propuesta teórica. Son acuerdos vivos, vigentes y renovados hace apenas unos años. Si Estados Unidos estuvo dispuesto a renovar esos pactos en 2023 y 2024, después de más de tres décadas de funcionamiento, también demuestra que un acuerdo de largo plazo con una futura Cuba democrática no sería una idea descabellada, sino una posibilidad real que merece ser estudiada seriamente.

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