
Shohei Ohtani
Por Esteban Fernández Roig ()
Miami.- Por si acaso tengo algunos lectores que no les interesa la Pelota, les digo que este no es precisamente un escrito de deportes, ni de béisbol…
Es más bien sobre un extraterrestre, y si de verdad este muchacho es un E.T. nosotros necesitamos que lleguen 20 naves interplanetarias llenas de Ohtanis geniales, correctos y caballerosos como él.
Claro que esa es una exageración, pero yo que prácticamente desde que tengo uso de razón he sido un observador, un admirador, un estudioso, un enamorado del béisbol, les digo a ustedes que no ha nacido ni nacerá un pelotero que se encuentre a la altura de “Zapatos Spikes” de este japonés.
Fanático firme fui -y lo sigo siendo – del norteamericano Rocky Nelson, me encantaba verlo jugar, imitaba la posición que asumía al batear, aplaudía cada hit y cada jonrón y yo les digo a ustedes, que el gran Rocky no le serviría ni de cargabates a este Othani.
Vaya, un caballón que comienza ponchando a tres bateadores, y acto seguido sale y mete un monumental jonrón, es decir, que a 15 minutos de haber comenzado el juego ya él lo ganó solo en alma.
Imagínese ustedes a Conrado Marrero, Agapito Mayor, Adolfo Luque, Camilo Pascual o Pedro Ramos, metiendo 50 jonrones en las Grandes Ligas. Y de paso robándose 40 bases.
Este japonés si no se enferma o se lastima, va camino de romper todos los récords del béisbol organizado menos el que implantará nuestro compatriota Aroldis Chapman.
Grandes lanzadores han habido en el mundo, y muchos gloriosos hemos tenido los cubanos, y bateadores extraordinarios, ha dado Cuba, desde Roberto Ortiz hasta Orestes Miñoso han existido Cientos, pero que al unísono tiren la bola a 100 millas ninguno.
Eso solamente está siendo logrado por este gigantón nacido, no sé si en Marte, Saturno o en la mismísima luna.
Creo que -por primera vez en la vida quizás mis hermanos cubanos, que hemos sido siempre los reyes de la discusión beisbolera- tendré muy pocos que intenten rebatirme y contradecir mi creencia sobre este muchacho.
Y pa’que sepan este joven japonés ha logrado lo que han tratado mis nietos André y Jaxon sin éxito: convertirme en fanático de los Dodgers de Los Ángeles. Desde luego, y quede muy claro, sin dejar de ser Almendarista y Yanquista.






