
La supuesta ingenuidad docta de Ramón
Por Sergio Barbán Cardero ()
(Respuesta al profesor universitario Ramón García Guerra)
Miami.- Ramón, honestamente, cada vez me resulta más sospechosa tu aparente ingenuidad. Y digo “aparente” porque no estamos hablando de una persona sin herramientas, sin lecturas, sin mundo o sin formación. Según tu propia información, has escrito varios libros, tienes presencia en una oficina internacional como Godera I&C Corp., en Panamá, y además eres profesor universitario. Entonces, tanta ingenuidad política, tanta inocencia económica y tanta fe en las “reformas” del régimen cubano no parecen ignorancia: parecen método.
Me hablas de economía no estatal, doble ciudadanía, mercado inmobiliario, presión popular y comunidades empoderadas, como si Cuba estuviera atravesando una transformación profunda y no una administración calculada de la miseria. Confundes concesiones tácticas con libertades reales. Confundes respiraderos de una cárcel con puertas abiertas. Que el régimen permita ciertas cosas cuando ya no puede prohibirlas todas, no convierte a Cuba en un país libre ni a su economía en una economía saludable. Convierte al régimen en lo que siempre ha sido: una maquinaria de control adaptándose para no perder el poder.
Además, te contradices. Dices que la presión popular ha obligado al Gobierno a asumir ciertas realidades, pero al mismo tiempo quieres que esa misma sociedad siga moviéndose dentro del corral diseñado por el poder. Hablas de empoderar comunidades, pero bajo la sombra del mismo Estado que decide quién puede prosperar, quién puede importar, quién puede vender, quién puede hablar, quién puede viajar y quién puede existir políticamente sin terminar marcado como enemigo.
¿Cuanto más hay que esperar?
Tú confías demasiado en el tiempo, Ramón. Citas a Don Quijote y aquello de que “de una larga espera suelen salir dulces salidas a muchas amargas dificultades”. Pero yo te pregunto: ¿cuánto más hay que esperar? ¿Otras siete décadas? ¿Cuántas generaciones más tienen que vivir aplastadas para que ustedes admitan que el problema no es de ritmo, ni de gestión, ni de “actualización del modelo”? El problema tiene nombre: dictadura.

Yo no le pido al Estado socialista que sea auténticamente socialista. Esa es una caricatura tuya. Yo no quiero para Cuba un Estado socialista, ni ahora ni después. Yo y mi familia salimos huyendo de ese sistema. Lo que quiero para Cuba es una sociedad libre, con un Estado limitado, con derechos ciudadanos, con propiedad privada, con mercado, con ley, con instituciones y con ciudadanos que no tengan que pedir permiso para respirar económicamente.
Cuba no es un Estado socialista, Ramón. Cuba es un régimen dictatorial, totalitario, controlador. Una dictadura. Y si vamos a hablar claro, hablemos claro: el régimen cubano no teme al capitalismo; teme a la independencia del ciudadano. Teme a que la gente deje de depender del ministerio, del permiso, de la cola, del jefe de sector, del cuadro político y del carnet ideológico.
Todos los diganósticos van donde mismo
Me mandas a leer economistas cubanos. Precisamente porque los leo te respondo. Juan Triana Cordoví ha señalado, con el lenguaje prudente que se usa dentro de Cuba para no terminar triturado por la maquinaria, que el sistema está diseñado más para controlar y prohibir que para incentivar. Cuando habla de la necesidad de un cambio “cultural” en la dirigencia, yo leo lo que muchos no se atreven a decir en voz alta: lo que hace falta es un cambio político.
Julio Carranza, por su parte, ha explicado algo elemental: el mercado no es un invento capitalista, es una realidad económica. Pretender eliminarlo por decreto solo produce mercado negro, distorsión, pobreza y corrupción. También ha señalado la trampa de confundir propiedad social con propiedad estatal. En Cuba, el Gobierno se proclama dueño en nombre del pueblo, pero el pueblo no decide nada. El Estado dice representar a todos, pero en la práctica lo controla todo.
Por eso ambos diagnósticos, aunque vengan envueltos en lenguaje técnico, terminan llegando al mismo punto: el problema cubano no es solo económico. Es político. El régimen no mantiene una economía ineficiente por torpeza solamente; la mantiene porque una economía libre produce ciudadanos libres. Y un ciudadano libre empieza a exigir derechos. Por eso prefieren administrar ruinas antes que ceder poder.
La dignidad no tiene precio
Yo no soy economista ni político. Soy un jubilado que dedica más de ocho horas diarias a estudiar estos temas. Y en estos doce años viviendo en una economía de mercado aprendí algo que en Cuba me negaron: aprendí a ser ciudadano. Aprendí civismo, derechos, deberes, responsabilidad individual y libertad económica real.
Manejar una cuenta bancaria, cuidar un crédito, pagar una deuda, tomar decisiones propias y responder por ellas es una clase de ciudadanía mucho más seria que cualquier discurso de barricada.
La primera vez que quise viajar a Europa no tenía dinero suficiente. Fui a mi banco y dije la verdad: “Quiero ir a España con mi esposa, pero no tengo dinero. Si el banco me aprueba un préstamo, lo agradecería”. Pensé que iba a tirar un farol. El empleado revisó mi historial crediticio, mis deudas, mi conducta financiera, y me aprobó 4,800 dólares sin intereses, a pagar en 18 meses.
Quiero una Cuba de ciudadanos libres
Fui a España. Como me quedó dinero, también fui a Cartagena, Colombia. Luego pagué mi deuda. Y desde entonces he podido repetir esa experiencia cada año. He viajado a México unas cuatro veces, también a República Dominicana, Chile, Panamá y Costa Rica. Y si la salud me lo permite, seguiré viajando cada año: Italia, Francia, Portugal, Polonia (país donde estudié y al que quisiera volver antes de marcharme de este mundo)
A Cuba solo iré si me permiten entrar con el pasaporte de mi nueva ciudadanía. No iré a invertir, Ramón, como tú quisieras. Iré a ver a mi familia. Porque una cosa es amar a Cuba, y otra muy distinta es ir a poner dinero en la caja de quienes la mantienen secuestrada.
Eso, Ramón, no es teoría. Eso es el mundo real. Ese mundo donde el ciudadano no necesita permiso del Partido para soñar, trabajar, viajar, prosperar y decidir. Ese mundo se parece mucho más a Estados Unidos que al Partido Comunista. Y esa es la Cuba que yo quiero: una Cuba de ciudadanos libres, no de súbditos agradeciendo las migajas que la dictadura les permite recoger del suelo.






