Amelia Calzadilla: de la prisa por la política al ridículo

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Por Carlos Carballido ()

Hace tan solo dos meses, la cubana radicada en España, Amelia Calzadilla, lanzó al público su nuevo proyecto político: el Partido Liberal Ortodoxo Cubano (PLOC). Después de varias horas de explicaciones absurdas para intentar justificar esa idiotez de nombre, ahora sale con una apuesta aún más idiota.

Alguien de su círculo interno, al parecer, comprendió que tras la avalancha de críticas lógicas tener que pasar todo el tiempo explicando un nombre no era bueno en esta nueva coyuntura política entre las tensiones de Estados Unidos con Cuba.

Y entonces, por arte de magia, este 19 de mayo, aprovechando el simbolismo de la efeméride (muerte de José Martí), la gran Amelia relanza por segunda vez su nuevo partido ante una gran cobertura mediática que te da vivir en un Madrid infectado de wokismo.

Pero, ¡oh misterio divino!, ahora lleva el nombre de Partido Liberal Clásico Cubano (PLCC) y ya no es de centro derecha. Ahora es de derecha. Como si hacer un giro ideológico fuera tan fácil como en solo dos meses.

No hay manera humana de justificar semejante muestra de oportunismo político e insulto a la inteligencia del cubano promedio en el exilio.

La búsqueda de una tajada política

La figura de Calzadilla, mal apodada como opositora solo por pedir en redes sociales más gas para cocinar mientras vivía en Cuba, necesita a toda costa convertirse en la líder de un partido que pueda quedarse con una tajada política en los posibles cambios que pueden suceder en la isla.

Solo que al apresurarse en enmendar el error del nombre, cae ahora en una prisa que la hunde más a la luz de la historia y la psicología social.

Lo que no acaban de comprender estos supuestos líderes mediáticos que intentan llegar a la arena política seria y dura es que todo partido político que surge lleva de antemano un largo proceso de debate, de conciliación entre diferentes corrientes políticas afines y, sobre todo, de una plataforma programática sólida con la cual ganar miembros y simpatizantes que en su momento los beneficiarían con el voto libre.

Amelia Calzadilla se ha lanzado en un show de improvisación patético como si cambiar de nombre y de definición ideológica fuera un menú a la carta para que vegetarianos y carnívoros se lleven bien en el restaurante.

El cuestionamiento

Y aquí viene el cuestionamiento: ¿Qué credibilidad política puede tener semejante pantomima mediática para la arena política tan controversial que tendrá Cuba en caso de un cambio, aunque sea mínimo?

Ni la historia ni la objetividad avalan semejante pifia farandulera en algo tan importante como un partido político futuro.

El nuevo PLCC apela a ese engaño truculento y populista del «liberalismo» al estilo Hayek para ganar adeptos tras promesas de libertades al por mayor y gobierno mínimo. Ni siquiera en Estados Unidos eso es posible. ¿Cómo carajos puede serlo en una Cuba destruida?

Se está tomando el futuro político de Cuba muy a la ligera, alimentado por los medios, las redes y la falta de espacios serios para el debate.

Insisto: estos personajes no aguantan un round con figuras del exilio cubano sumamente capacitadas pero brutalmente invisibilizadas. Así no podrá haber garantías de una Cuba nueva y libre.

Deslices imperdonables

En Calzadilla hay un problema de prisa y de desaguisados imperdonables para la política.

El peor quizás sea el nuevo nombre: PLCC. Siglas que parecen una copia al carbón del mismo sistema partidista que ha llevado a Cuba a su destrucción. De PCC a PLCC solo hay un comodín por medio.

En la psicología política y en el marketing electoral se estudia el impacto que tienen las estrategias de asociación de nombres y siglas.

Aunque Calzadilla lo niegue, porque a lo mejor ni lo sabe, el fenómeno de la confusión de marca por siglas es al final el intento de capitalizar el reconocimiento de otra organización existente buscando aprovechar la familiaridad del electorado para obtener visibilidad de forma más rápida.

El problema de esta gente es que, aunque se explique mil veces, esto puede tener un costo para la credibilidad y la diferenciación del proyecto.

Al final me pregunto: ¿Puede confiarse en un partido político que en solo dos meses cambia de nombre, cambia de ideología y usa casi las mismas siglas que el Partido Comunista de Cuba?

Claro que no. Dejen de ser idiotas.

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