¿Y el otro? (Una pregunta incómoda en medio del colapso)

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Por René Fidel González ()

Santiago de Cuba.- Ahora que cientos de miles de personas de todas las edades se hunden en Cuba en un ciclo de pobreza infinito y pernicioso, muy difícil de revertir y probablemente endémico; ahora que las instituciones públicas, sus culturas y experiencias se deshacen cada día por el desgaste de los presupuestos mínimos que apenas respaldan sus funciones; ahora que miles y miles de profesionales y personas brillantes abandonan el país para nunca más regresar sino acaso como un acto de nostalgia; ahora que la corrupción se expande de modo que apenas podemos distinguir lo privado de lo público, y lo público de lo privado, como un sueño húmedo de la endogamia en la búsqueda y el temor a perder el poder.

Ahora que un creador de contenidos nos dice desde España que estemos alerta cuando escuchemos el término «justicia social» mientras él disfruta del Estado de Bienestar Social; ahora que esperamos programas políticos como si un país pudiera reiniciarse mágicamente; ahora que la impiedad, el perjuicio y la indiferencia se socializan como valores y claves del éxito, como condición de pertenencia a una clase de triunfadores que se aleja cada vez más de una mayoría de perdedores.

Ahora que nuestras armas están cargadas para disparar y destruir todo lo que se parezca al muñeco de odio que la banalización de nuestra cultura política, la impotencia y la mezquindad construyeron para que no nos detuviéramos nunca a pensar.

Conviene preguntarse: ¿y el otro?

Esa pregunta, incómoda, silenciada, casi obscena en el fragor de la queja perpetua, es la única que todavía puede incomodar a los dueños del desastre y también a nosotros mismos, los que miramos el derrumbe con el puño apretado pero sin atrevernos a bajar la mirada para ver a quien cae a nuestro lado.

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