
Viva la libertad carajo
Por Luis Alberto Ramírez ()
Miami.- La libertad, en mi opinión, no es algo que pueda tocarse ni entregarse como un objeto. La libertad es una condición espiritual y emocional que nace en la conciencia del ser humano. Es el derecho de cada persona a pensar, decidir y construir su propio destino sin que nadie le imponga cómo vivir o qué creer. Pero también implica una enorme responsabilidad, porque ser libre significa asumir las consecuencias de nuestros actos y confiar en nuestra capacidad para gobernarnos a nosotros mismos.
Creo que toda sociedad que aspire a la libertad desea vivir del fruto de su esfuerzo, depender de su trabajo y prosperar sin tener que rendirse ante quienes pretenden decidir por los demás. La libertad no consiste únicamente en romper cadenas visibles; también significa negarse a aceptar la sumisión mental, el miedo y la obediencia ciega.
Un pueblo libre no es una masa manipulable ni un rebaño conducido por la fuerza. Es una comunidad de individuos conscientes de su valor y de su dignidad.
Cuba será libre
La libertad exige sacrificios, trabajo y valentía. Requiere la convicción profunda de que ningún poder tiene derecho a reducirnos a simples piezas moldeables. Por eso pienso que la verdadera libertad comienza en la mente. Pueden encarcelar un cuerpo, perseguir a una persona o intentar silenciar una voz, pero jamás podrán aprisionar las ideas cuando estas nacen de la conciencia y de la verdad.
Como expresó Martín Lutero, pueden encerrar el cuerpo, castigar al hombre e incluso quitarle la vida, pero no pueden encerrar sus pensamientos, porque las ideas son como el viento: atraviesan muros, barrotes y fronteras. Esa es la fuerza más grande de la libertad.
Por eso estoy convencido de que Cuba será libre. Y lo será porque, en el fondo, muchos cubanos ya lo son espiritualmente. La libertad ya existe en la conciencia de quienes perdieron el miedo y comprendieron que ningún sistema puede dominar eternamente la voluntad de un pueblo. Sólo falta encontrar la fuerza necesaria para romper definitivamente las cadenas que todavía intentan detener ese anhelo.
Yo no sé si los cubanos están dispuestos a asumir esa responsabilidad y aunque lo dudo, le doy el beneficio de la duda.





