
Alex Saab regresa a manos de la justicia de Estados Unidos y reabre la caja negra del chavismo
Por Yeison Derulo
La Habana.- Alex Saab volvió al mismo punto donde comenzó una de las novelas judiciales y políticas más explosivas de América Latina: Estados Unidos.
El empresario colombiano, señalado durante años por Washington como operador financiero clave del chavismo y hombre de confianza de Nicolás Maduro, fue deportado desde Venezuela hacia territorio estadounidense este 16 de mayo, según confirmó oficialmente el Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería venezolano (SAIME).
Reuters y Associated Press informaron que Saab aterrizó en el aeropuerto de Opa-locka, en Miami, para enfrentar nuevamente procesos judiciales pendientes. La noticia sacude no solo a Caracas, sino también a buena parte del tablero político regional donde aparece la dictadura cubana como faro y guía.
Saab no es un detenido cualquiera. Durante años fue señalado por autoridades estadounidenses como una pieza central dentro de la estructura financiera del chavismo. Su nombre apareció vinculado a investigaciones sobre lavado de dinero, contratos inflados, triangulación de recursos estatales, operaciones vinculadas al programa Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) y presuntas redes de exportación de oro y petróleo venezolano.
En 2020 fue detenido en Cabo Verde, posteriormente extraditado a Estados Unidos y procesado en Miami. Sin embargo, en 2023 recibió clemencia como parte de un intercambio de prisioneros entre Washington y Caracas, regresando a Venezuela como una especie de símbolo político del oficialismo. Esa etapa, al parecer, terminó.
Ahora vuelve bajo un escenario completamente distinto. La deportación ocurre en medio de un contexto político radicalmente alterado dentro de Venezuela. Según Reuters, Saab había sido arrestado nuevamente en febrero en una operación conjunta entre autoridades venezolanas y estadounidenses, lo que evidenció un nivel inédito de cooperación judicial tras la caída de Maduro y el ascenso interino de Delcy Rodríguez.
Lo verdaderamente delicado no está solo en el traslado, sino en lo que Saab sabe. El empresario conoce nombres, rutas financieras, empresas fachada, movimientos bancarios, contratos internacionales, pagos cruzados y presuntos mecanismos de financiación que durante años sostuvieron operaciones económicas del chavismo fuera del radar público. Su eventual colaboración con fiscales estadounidenses podría convertirse en una fuente de información de altísimo impacto.
Y ahí es donde las alarmas empiezan a sonar más allá de Venezuela.
En Colombia, el nombre de Saab vuelve a aparecer inevitablemente dentro del debate político, especialmente por las acusaciones —hasta ahora no probadas judicialmente— sobre una presunta financiación irregular de la campaña presidencial de 2022. Hasta el momento, no existen documentos públicos, decisiones judiciales ni testimonios concluyentes que vinculen formalmente a Gustavo Petro o a Armando Benedetti con dinero proveniente del chavismo o redes criminales.
Pero en política, a veces el ruido antecede al terremoto.
La sola posibilidad de que Saab decida colaborar con la justicia estadounidense ya genera expectativa en Bogotá, Caracas y también en La Habana, donde históricamente han existido vínculos políticos y estratégicos entre gobiernos aliados del bloque chavista.
Estados Unidos aún no ha detallado públicamente cuál será el nuevo alcance procesal contra Saab ni si buscará convertirlo en testigo colaborador. Pero el simple hecho de tenerlo nuevamente bajo custodia federal cambia por completo el tablero.
Alex Saab regresó a Miami. Y con él regresó también una pregunta que inquieta a medio continente: si decide hablar, ¿cuántos van a caer con él?






