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Por Anette Espinosa

La Habana.- Mientras medio país calcula cuántas horas de corriente le quedan antes del próximo apagón, Miguel Díaz-Canel apareció visitando una fábrica de vehículos eléctricos como si estuviera recorriendo Silicon Valley versión tropical. En Cuba puedes no tener pan, transporte estable ni gasolina, pero tranquilos todos: el futuro viene montado en triciclo solar. Prioridades revolucionarias.

La escena tiene su encanto surrealista. Un presidente hablando emocionado de autos eléctricos en un país donde cargar un teléfono ya es una aventura de alto riesgo. Aquí la innovación consiste en que la gente corre a conectar el refrigerador cuando regresa la luz, pero desde la Presidencia te venden la imagen de una nación a punto de liderar la transición energética mundial. Hay que reconocerles algo: la fantasía nunca les falla.

Díaz-Canel llamó a la fábrica una “joyita” y pidió defenderla. Tiene lógica. Cuando casi todo alrededor luce deteriorado, cualquier nave industrial medio funcional adquiere categoría de patrimonio nacional. Cuba entera cayéndose a pedazos y de repente aparece una planta ensamblando bicicletas eléctricas: automáticamente la convierten en símbolo del progreso socialista y motivo de peregrinación presidencial.

Lo más simpático del comunicado es ese tono épico de película futurista. Hablan de crecimiento, millones facturados, cooperación con China y paneles fotovoltaicos como si mañana mismo La Habana fuera Oslo. Mientras tanto, el cubano promedio sigue esperando una guagua que nunca llega, esquivando huecos en la calle y rezando para que no le toque otro apagón de ocho horas. Pero bueno, ya casi tenemos triciclos solares, así que paciencia histórica.

“En tiempos difíciles, aquí se respira desarrollo y combate”, concluyó el mandatario. Y sí, combate hay bastante: combate para cocinar, para trasladarse, para encontrar medicinas y hasta para dormir sin calor. Lo del desarrollo, en cambio, parece estar concentrado en notas de prensa y recorridos oficiales.

Cuba vive una crisis estructural monumental, pero al menos ya sabemos que el futuro, según el régimen, viene con batería recargable… si aparece la corriente.

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