
El último gran socio extranjero abandona Cuba
Por Albert Fonse ()
Vancouver.- La suspensión de operaciones de Sherritt International en Cuba representa uno de los golpes económicos más serios que ha recibido la dictadura cubana en décadas. No estamos hablando de una empresa secundaria ni de un pequeño inversionista extranjero. Estamos hablando del principal socio minero internacional del régimen, una compañía que durante más de treinta años sostuvo parte de la producción de níquel, cobalto y energía eléctrica de la isla.
La gravedad del asunto está en que Sherritt no solo explotaba minas en Moa, Holguín. También participaba directamente en Energas, empresa que genera aproximadamente entre el 10% y el 15% de la electricidad de Cuba. En un país donde ya existen apagones masivos diarios, la salida o paralización de esta estructura puede empeorar todavía más el colapso energético nacional.
El régimen cubano además arrastra una deuda superior a los 344 millones de dólares con Sherritt. Eso demuestra algo todavía más profundo: la dictadura ya ni siquiera tiene capacidad financiera para sostener a sus socios estratégicos extranjeros. Cuba se convirtió en un socio tóxico, incapaz de pagar, incapaz de garantizar combustible y ahora también incapaz de proteger a las empresas frente a nuevas sanciones estadounidenses.
Una señal devastadora
La decisión ocurre después de las nuevas sanciones firmadas por Donald Trump el 1 de mayo de 2026. Estas medidas no solo golpean a entidades del régimen cubano, sino que amenazan directamente a bancos, aseguradoras y compañías extranjeras que hagan negocios con estructuras vinculadas. Sherritt entendió el mensaje rápidamente: continuar operando en Cuba ahora pone en riesgo toda la empresa internacionalmente.
Lo simbólico también es enorme. Sherritt era prácticamente el último gran socio extranjero occidental que todavía mantenía operaciones estratégicas profundas dentro de Cuba. Su retirada envía una señal devastadora al resto de inversionistas internacionales; si una empresa canadiense con décadas de experiencia, relaciones políticas y estructuras montadas en la isla decide retirarse, el mensaje para otros inversionistas es que Cuba ya no es viable ni siquiera para quienes llevaban años apostando por el sistema.
El impacto sobre Holguín puede ser particularmente duro. La zona de Moa depende enormemente de la minería de níquel y cobalto. Miles de trabajadores directos e indirectos van a quedar desempleados aumentando la presión. Además, el níquel era una de las pocas exportaciones fuertes que todavía le generaban divisas reales al régimen cubano.
La pérdida total de confianza en el régimen
Esto ocurre además en el peor momento posible para la dictadura: crisis energética nacional, caída del turismo, inflación extrema y presión interna y externa para un cambio.
La producción de níquel ya había caído de 34,876 toneladas en 2021 a apenas 25,240 toneladas en 2025. Incluso antes de este anuncio, Sherritt había reducido operaciones por falta de combustible en Cuba.
Lo más peligroso para el régimen no es solo la pérdida de dinero. Es la pérdida de confianza internacional. Las dictaduras sobreviven mientras logran convencer a alguien de seguir haciendo negocios con ellas. Cuando incluso sus socios históricos comienzan a retirarse, el sistema entra en una fase mucho más peligrosa de aislamiento y deterioro económico acelerado.
La salida de Sherritt no derrumba sola a la dictadura cubana. Pero sí elimina una de las columnas extranjeras más importantes que todavía ayudaban a mantener respirando parte de su economía y de su sistema energético.






