¿Ramiro Valdés y Guillermo García están en las últimas?

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Por Jorge Sotero

La Habana.- La ausencia de Ramiro Valdés y Guillermo García en el desfile por el Primero de Mayo en Cuba no pasó inadvertida. En un país donde cada movimiento de la vieja guardia del régimen suele estar medido al detalle, que dos figuras históricas del castrismo no aparezcan en una de las fechas más simbólicas del calendario político inevitablemente, despierta preguntas. Y la principal ya circula entre pasillos, redes y comentarios callejeros: ¿estarán en las últimas?

Ramiro Valdés, con 94 años, sigue siendo una de las figuras más temidas y enigmáticas del poder cubano. Dos veces comandante de la Revolución, exministro del Interior y eterno hombre de confianza de Fidel y Raúl Castro, su presencia pública siempre ha estado ligada a momentos clave del régimen. Guillermo García, por su parte, de 97 años, representa esa generación fundacional que todavía sobrevive como símbolo viviente de la Sierra Maestra.

No verlos en el desfile durante una jornada donde el oficialismo suele exhibir continuidad histórica y fortaleza política resulta, cuanto menos, llamativo. Más aún cuando el régimen acostumbra mostrar a sus figuras históricas incluso en condiciones físicas delicadas, precisamente para enviar el mensaje de que la revolución sigue “intacta”, aunque sus protagonistas ya anden peleando contra el tiempo.

La avanzada edad de ambos hace perfectamente razonable pensar en problemas de salud o limitaciones físicas severas. No sería extraño. Lo extraño, en todo caso, sería lo contrario: que hombres cercanos al siglo de vida mantengan el mismo ritmo de exposición pública. Sin embargo, en Cuba la opacidad informativa convierte cualquier ausencia en terreno fértil para la especulación. Aquí nunca se informa con claridad; aquí se desaparece del plano público y después se confirma o se desmiente según convenga.

Más allá del estado real de Valdés y García, su ausencia vuelve a recordarle al país una verdad inevitable: la generación histórica se está extinguiendo. Poco a poco, los rostros que construyeron, endurecieron y sostuvieron el sistema van saliendo de escena, biológicamente derrotados por algo contra lo que ni siquiera una revolución puede hacer demasiado: el paso del tiempo. Y cuando ellos ya no estén, quedará una pregunta más incómoda todavía: ¿qué le queda al castrismo sin sus reliquias?

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