Galicia, un cuento de hadas con frío y perros de fábula

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Por Ulises Toirac ()

La Habana.- Algunos amigos que se interesaron por la publicación de las fotos de los libretos de La Tremenda Corte y se fijaron en la coincidencia de que Cástor Vispo (guionista de esa serie) y mi abuelo fueran de La Coruña, me sugirieron visitarla. ¡Pues ya estuve!

Cuando se filmó Un rey en La Habana, de Alexis Valdés, en la que tengo un personaje discreto, pero muy simpático, tuve unos días sin llamado a filmar, entre dos bloques casi todos de madrugada. Decidí aceptar la invitación de unos amigos españoles de Ponferrada, tierra de vinos. Hablo d amigos. Desde antes y aún hoy, conversamos a menudo y estuvieron alojados en casa de mis suegros (donde yo vivía)… o sea, sin jineterismo, gente más chévere y del mamey no la hay.

Y esos locos, además de agasajarme en su preciosa aldea, presentarme a los amigos de la infancia (que viajaron a la aldea algunos para conocerme) y a la familia —Manolo incluido (guajiro bondadoso, recio y reidor)—, me llevaron hasta Galicia, en una de las excursiones que más atesoro de toda la vida. La ruta corre hacia el norte y al oeste: Portugal casi se puede tocar con la mano.

Galicia es un cuento de hadas. Era verano y sin embargo había frío. Es frío aquello, conco. Hasta tal punto que, generalmente, las viviendas rústicas rurales suelen tener dos plantas: la inferior para el ganado. Me quedé ají. La explicación revela la inteligencia de los campesinos donde quiera que vivan: el calor de los animales sube (el aire con mayor temperatura asciende) y ocupa la planta destinada a las personas. Construcciones de piedra reunidas en caseríos rodeados de fincas. La supervivencia lleva a vivir en pequeñas comunidades en las que los vecinos pueden prestar mejor asistencia en caso necesario.

La lengua es un canto raro y musical. Atractivo y descifrable por tramos. Me encanta. Lo otro que me llamó poderosamente la atención son los perros. La Coruña y sus campos tienen los perros mestizos más hermosos del planeta. Excluyendo a Lía, por supuesto. Perros con talla, personalidad y pelos. Como sacados de una fábula. Se echan a la entrada de sus casas, o deambulan majestuosos y te miran con ojazos melancólicos.

Ya estuve, sí. Y volvería si pudiera. Pero entre el 20 de julio y el 10 de agosto. Eso es un congelador.

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