Las Tunas no tiene espacio para enterrar a los muertos

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Por Oscar Durán

Las Tunas.- En Las Tunas ya no solo falta comida, medicamentos o electricidad. Ahora también falta espacio para enterrar a los muertos. Desde la próxima semana quedarán suspendidos, hasta nuevo aviso, los enterramientos en el cementerio Vicente García, el principal de la ciudad.

Esto, más que una noticia puntual, es la radiografía perfecta de un país colapsado hasta en lo más básico. Cuando un sistema no puede garantizar ni siquiera un lugar digno para sus difuntos, ya no estamos hablando de crisis: estamos hablando de fracaso total.

Las autoridades locales, como de costumbre, intentan maquillar el desastre con explicaciones técnicas. Que si el aumento de fallecimientos en noviembre y diciembre, que si la falta de espacio, que si las exhumaciones pendientes. Lo cierto es que este problema no nació ayer. Lleva más de ocho años arrastrándose, creciendo en silencio, como todo en Cuba, hasta que explota en la cara de la gente. Y mientras tanto, la dictadura —esa experta en discursos vacíos— no hizo absolutamente nada para evitar llegar a este punto.

La solución que ofrecen es trasladar los enterramientos al cementerio de Becerra o a otros camposantos del municipio, como si el dolor de perder a un familiar fuera compatible con la logística improvisada de un sistema ineficiente.

Nueve cementerios activos, dicen. Nueve parches para un problema estructural que nunca se resolvió porque simplemente no les dio la gana de invertir donde hacía falta.

El panorama se agrava cuando uno mira más allá del Vicente García. Otros cementerios en la provincia también están al límite, algunos con terrenos disponibles pero sin financiamiento. Es decir, el espacio existe, pero el dinero no aparece. O mejor dicho: no aparece para esto. Para hoteles vacíos, propaganda política o viajes de dirigentes, siempre hay recursos. Para enterrar dignamente a la gente, no.

Y por si fuera poco, el caso del incinerador es otro ejemplo del desastre administrativo. Una obra que llegó a estar al 47 % de ejecución terminó prácticamente desmantelada por robos, negligencia y falta de control. Se llevaron equipos, desmontaron estructuras y hoy apenas queda un 15 % de lo que fue. Hay “personas presas”, dicen, como si eso resolviera algo. La realidad es que el problema no es solo de quienes roban, sino de un sistema que permite —y hasta provoca— ese nivel de abandono.

Al final, las autoridades piden paciencia y confianza. Las dos palabras favoritas de la dictadura cuando no tiene soluciones. El pueblo ya no tiene ni una cosa ni la otra. En lo que ellos prometen “aliviar” el cementerio, la realidad sigue siendo la misma: Cuba es un país donde cada día se vive peor… y ahora también donde cada día es más difícil morir con dignidad.

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