
Lo de Mason Miller es una grosería
Por Fernando Ballesteros
Ciudad de México.- Si usted es de los que todavía cree en la justicia divina en el diamante, apague la televisión cuando suene «Holy Diver» en el Petco Park….
Lo que estamos presenciando este 2026 con Mason Miller vistiendo la franela de los Padres, no es solo béisbol: Es un atropello, una falta de respeto a la fisonomía humana y, honestamente, debería ser ilegal.
Apenas estamos en abril y Miller ya dejó de ser un cerrador para convertirse en un mito urbano. Los números que ha puesto en estos primeros juegos de la temporada son de videojuego con los códigos de trampa activados. En 7.1 entradas de labor, el tipo ha recetado 19 ponches. Lean bien: Die-ci-nue-ve.
Prácticamente todos los outs que consigue vienen por la vía del chocolate. Su WHIP de 0.27 y ese 0.00 de efectividad no son estadísticas, son sentencias de muerte para cualquier line-up que se atreva a enfrentarlo en la novena.
El radar que escupe fuego
¿Cómo le batea un mortal a esto? La respuesta corta es: No se puede.
Documentemos la masacre. Su recta de cuatro costuras está promediando las 101.4 MPH, pero ya lo vimos tocar las 103.4 MPH contra los Rockies hace unos días. No es solo la velocidad, es la «vida» que lleva la bola….Un movimiento que desafía la gravedad y que deja a los mejores bateadores del mundo haciendo «swings» a la nada.
Pero lo que realmente lo hace intocable este año es su «slider». A 88 MPH y con un desplome vertical de casi 40 pulgadas, Miller ha logrado una tasa de «whiff» (abanicados y fallidos) superior al 60%.
Los rivales le batean para un anémico .043. Entrar a la caja de bateo contra Mason Miller en 2026 es el equivalente deportivo a intentar detener un tren bala con un tenedor.
El efecto de vries: el precio de la inmortalidad
Ahora, hablemos de negocios. Para que A.J. Preller lograra traer a este monstruo a San Diego en aquel movimiento sísmico del 2025, tuvo que entregar las llaves del futuro. La moneda de cambio principal tuvo nombre y apellido.






