Morales Ojeda convoca al Primero de Mayo con discurso oficialista en medio de la crisis cubana

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Por Jorge Sotero

La Habana.- Otra vez el mismo libreto, la misma muela y el mismo intento de maquillar la realidad. Roberto Morales Ojeda, uno de los hombres fuertes del Partido Comunista de Cuba, salió a calentar motores de cara al Primero de Mayo con un mensaje que no sorprende a nadie: consignas, épica reciclada y una defensa a ultranza de un sistema que hace rato dejó de ofrecer respuestas. “¡Cuba dice presente!”, escribió, como si ese “presente” no estuviera marcado por apagones, hambre y desesperanza.

El discurso, como siempre, gira en torno al bloqueo. Según Morales Ojeda, la convocatoria bajo el lema “La Patria Se Defiende” es una respuesta firme al endurecimiento de las sanciones de Estados Unidos. Pero lo que no dice —y nunca dirán— es que el mayor bloqueo que tiene Cuba es interno: una gestión ineficiente, un modelo económico fracasado y una cúpula incapaz de resolver los problemas básicos de su gente. Es más fácil señalar al enemigo externo que asumir responsabilidades.

Hablar de dignidad después de más de 65 años suena casi ofensivo cuando la realidad del cubano de a pie es sobrevivir día a día.

Morales Ojeda menciona a Maceo, a Martí y a Fidel Castro como si invocarlos pudiera tapar el desastre actual. Pero ni Baraguá, ni los “Pinos Nuevos”, ni ningún símbolo histórico logran esconder que hoy el país está sumido en una crisis profunda. La épica no llena el plato, ni enciende una termoeléctrica.

El funcionario también insiste en que no será “un desfile más”, sino una demostración de compromiso desde todos los sectores. Y ahí es donde la retórica se cae a pedazos. ¿Compromiso de quién? ¿Del trabajador que no tiene transporte para llegar a su centro laboral? ¿Del médico que sobrevive con un salario miserable? ¿Del obrero que produce sin recursos? Pedir entusiasmo en medio de tanta precariedad no es más que una desconexión total con la realidad.

Al final, el mensaje cierra con la clásica promesa de resistencia: que ni el bloqueo ni las amenazas podrán tumbar el proyecto. Pero la verdad es otra. A este sistema no lo está derrumbando Estados Unidos, se está cayendo solo, por el peso de sus propias contradicciones.

Mientras los dirigentes repiten consignas y se toman fotos, el país se desmorona. Y el Primero de Mayo, lejos de ser una fiesta obrera, se ha convertido en otro acto de propaganda para intentar sostener lo que ya hace tiempo dejó de sostenerse.

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