Por Jorge Sotero
Guantánamo.- En Guantánamo el discurso oficial vuelve a chocar frontalmente con la realidad. Mientras buena parte de la población apenas consigue comida para llevar a la mesa, el periódico estatal Venceremos celebra con entusiasmo los supuestos avances en materia de exportaciones.
Según el medio, la provincia avanza con “potencialidades” en productos como café, cacao, carbón vegetal, miel de abeja o coco. Todo suena muy bonito sobre el papel, pero para el ciudadano común la pregunta es otra: ¿de qué sirven esas exportaciones si el propio pueblo no tiene qué comer?
El texto presume que en el primer trimestre del año se exportaron unas 370 toneladas de productos y que los ingresos superaron los 72 millones de pesos. Sin embargo, ese dato contrasta con la vida cotidiana de los guantanameros.
En los barrios la gente hace colas interminables por un poco de arroz, el aceite desaparece de los mercados y la carne es un lujo reservado para quienes reciben remesas. El gobierno habla de cifras, planes y estrategias comerciales, pero evita responder la pregunta más básica: por qué un territorio que produce café, cacao o miel no puede garantizar alimentos a su propia población.
La propaganda oficial también destaca que 37 empresas y una Mipyme trabajan en la producción exportable, y que próximamente se incorporarán nuevos productos como tetí, fibra de coco, ají habanero o jengibre. Pero esa lógica refleja una prioridad que muchos cubanos consideran absurda: producir para vender fuera mientras el mercado interno está completamente desabastecido. El resultado es un modelo económico donde los mejores recursos se destinan a generar divisas para el Estado, mientras la mesa del cubano promedio sigue vacía.
El colmo del cinismo aparece cuando el propio artículo asegura que el incremento de exportaciones permitirá el “desarrollo integral y sostenible” de la provincia. Esa frase podría parecer una broma cruel para cualquiera que camine hoy por las calles de Guantánamo. Apagones diarios, hospitales sin insumos, transporte colapsado y salarios que no alcanzan ni para sobrevivir forman parte de la rutina. Hablar de desarrollo en medio de ese panorama es, cuando menos, una desconexión total con la realidad.
Al final, el problema no es exportar. Todos los países lo hacen. El problema es hacerlo mientras la población vive en una crisis alimentaria permanente. Antes de pensar en vender café, cacao o carbón al exterior, el régimen debería garantizar que los propios cubanos puedan comer con dignidad.
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