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Jebe, cuyo nombre original era Zurgadai, comenzó su relación con Gengis Kan intentando matarlo. Durante una batalla, una flecha disparada por él hirió al gran líder mongol en el cuello. Cuando fue capturado y se le preguntó quién había lanzado el proyectil, confesó con tal valentía y honestidad que Gengis, impresionado, decidió perdonarle la vida y nombrarlo Jebe, que significa La Flecha.
A partir de ese momento, se convirtió en uno de los cuatro perros de guerra del emperador, siendo el comandante de vanguardia más temido y veloz de todo el imperio mongol.
Jebe era un maestro de la retirada fingida, una táctica que atraía a los enemigos fuera de sus posiciones defensivas para luego masacrarlos en campo abierto.
Su hazaña más espectacular fue la conquista del Kanato de Kara-Kitai, donde con solo veinte mil hombres logró derrocar a un imperio entero mediante el uso inteligente de la propaganda y la velocidad.
A diferencia de otros conquistadores, Jebe se ganó el favor de las poblaciones locales al restaurar la libertad religiosa, lo que facilitó sus victorias sin necesidad de asedios prolongados. Su nombre se convirtió en sinónimo de ataques relámpago imposibles de detener.
Junto a Subotai, lideró la legendaria incursión alrededor del Mar Caspio, derrotando a los principados rusos y a los cumanos en la batalla del río Kalka.
Jebe representaba la meritocracia mongola en su máxima expresión: un enemigo derrotado que, gracias a su talento y lealtad, llegó a ser uno de los hombres más poderosos del mundo.
Su muerte sigue rodeada de misterio, ocurriendo probablemente durante su regreso de las campañas europeas, pero su rastro de conquistas cambió el mapa de Asia para siempre.
¿Qué harías tú si tuvieras que elegir entre ejecutar a un enemigo talentoso o convertirlo en tu mano derecha? (Tomado de Historia Antigua)