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Más donaciones para sobrevivir a la desgracia

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Por Redacción Nacional

La Habana.- Otra vez la misma escena que se repite en Cuba desde hace décadas: un barco con ayuda extranjera llega al puerto. Después, el gobierno lo presenta como si fuera una hazaña nacional. Esta vez se trata de 66 toneladas de leche en polvo enviadas por México. Estas toneladas están destinadas —según informaron las autoridades— a niños y mujeres embarazadas en varias provincias del país.

Tres camiones rastras partieron hacia el oriente cubano para distribuir parte de este donativo que forma parte de un cargamento mayor de 270 toneladas.

El traslado, según explicó la vicepresidenta del grupo empresarial de la industria agroalimentaria, Daiana Matech Vilá, forma parte de la segunda entrega solidaria del gobierno mexicano. Las primeras provincias en recibir el producto fueron Pinar del Río, Artemisa, La Habana y Holguín. Sin embargo, Santiago de Cuba, Granma, Guantánamo e Isla de la Juventud lo recibirían posteriormente.

Como de costumbre, la distribución final quedará en manos del Ministerio de Comercio Interior a través de la red de bodegas.

Pero más allá del anuncio oficial, lo verdaderamente preocupante es que un país que durante décadas presumió de tener uno de los sistemas alimentarios más estables de la región depende hoy de donaciones extranjeras para alimentar a sus niños. Además, la leche, un alimento básico, se ha convertido en un lujo que solo aparece cuando llega ayuda del exterior. Ocurre también cuando el Estado logra importar pequeñas cantidades en medio de una crisis que él mismo ha provocado con décadas de mala gestión económica.

El propio gobierno admite que el producto será entregado a granel en las bodegas y que ni siquiera alcanzará para todos los grupos vulnerables. En esta ocasión, por ejemplo, los mayores de 65 años quedarán fuera del reparto.

Mientras tanto, algunas provincias no recibirán el donativo porque dependen de un programa de leche fluida. Sin embargo, este programa en la práctica tampoco logra cubrir de forma estable la demanda de la población.

La realidad es dura: en un país con millones de hectáreas agrícolas y una tradición ganadera importante, el Estado no puede garantizar leche para sus niños sin depender de la solidaridad de otros gobiernos. Además, cada entrega se presenta como un logro administrativo, cuando en realidad es el reflejo más claro del fracaso de un sistema que durante más de sesenta años ha sido incapaz de asegurar algo tan elemental como un vaso de leche para su pueblo.

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