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Por Yasser Sosa Tamayo
Santiago de Cuba.- Hay escenas que uno quisiera no ver, pero la realidad no pide permiso.
Ayer, pasado el mediodía, encontré a Leandro. 58 años. Revolviendo la basura para buscar algo que comer. Sí… en pleno día.
Con gente pasando alrededor como si la miseria fuera parte del paisaje. Y duele, carajos. Duele de verdad.
Porque el hambre no debería tener rostro. Pero lo tiene. El de Leandro. El de miles.
Le dejé algo de dinero. Pero más que eso… le dejé un abrazo. Porque cuando el mundo empuja a alguien hasta la basura, lo mínimo que podemos hacer es recordarle que sigue siendo humano.
Hoy fue Leandro. Mañana podría ser cualquiera de nosotros.