Enter your email address below and subscribe to our newsletter

Las cicatrices que cambiaron su destino

Comparte esta noticia

Antes de que el cine lo hiciera conocido, James Cosmo Flanagan llevaba en el rostro una historia que no era ficción.

De joven, en Glasgow, fue atacado por una pandilla y apuñalado varias veces en la cara. Las heridas dejaron cicatrices profundas que marcarían su apariencia para siempre. Algunos medios describieron el ataque como un intento de provocarle lo que en la jerga callejera se conocía como una “sonrisa de Glasgow”.

Durante un tiempo, aquellas marcas parecían una desventaja.

Comenzó trabajando en teatro, construyendo su carrera desde abajo, como tantos actores. Su oportunidad inesperada llegó cuando participó como extra en Braveheart. Según se ha contado en diversas entrevistas, Mel Gibson notó su presencia y consideró que su aspecto aportaba una autenticidad particular al entorno histórico de la película.

Aquello abrió puertas.

Flanagan pasó de papeles pequeños a formar parte de producciones de gran escala, entre ellas Gladiator y otras cintas internacionales. Las cicatrices que alguna vez pudieron verse como un obstáculo se convirtieron en parte de su identidad artística.

Con el paso de los años, dejó crecer la barba, lo que suaviza visualmente las marcas. Pero su historia ya no depende de ocultarlas.

Lo que en la juventud fue violencia, en la madurez se transformó en carácter.

Y en una industria obsesionada con la perfección, su rostro imperfecto terminó siendo su sello más reconocible.

Deja un comentario