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Por Redacción Nacional
Corralillo.- Apenas amanecía este 25 de febrero de 2026 y ya Cuba tenía otra desgracia sobre la mesa. Una lancha rápida con matrícula de la Florida, folio FL7726SH, fue detectada a una milla náutica al noreste del canalizo El Pino, en Cayo Falcones, municipio Corralillo, Villa Clara. Cuatro muertos tras enfrentamiento entre una lancha procedente de Florida y fuerzas del régimen cubano es el trágico saldo de esta jornada.
El parte oficial habló de “embarcación infractora” y de defensa de la soberanía. Pero cuando en esta isla el régimen pronuncia la palabra soberanía, casi siempre viene acompañada de muerte, silencio y una versión única que nadie puede contrastar. Por ello, el caso de cuatro muertos tras enfrentamiento entre una lancha procedente de Florida y fuerzas del régimen cubano se vuelve aún más relevante.
Según las Tropas Guardafronteras del Ministerio del Interior (MININT), al aproximarse una unidad con cinco combatientes para identificar la lancha, desde la embarcación procedente de Estados Unidos se abrió fuego y resultó herido el comandante cubano.
La respuesta fue inmediata. El saldo, hasta el cierre de la información oficial: cuatro personas abatidas y seis lesionadas, evacuadas para recibir atención médica. Así, tras un enfrentamiento entre fuerzas del régimen cubano y la lancha, procedente de Florida, se registraron cuatro muertos.
El régimen, como es habitual, no tardó en envolverse en la bandera. Que si la defensa nacional es pilar fundamental, que si la protección de las aguas territoriales, que si la estabilidad de la región. El libreto está aprendido de memoria desde los tiempos de Fidel Castro. Primero disparan, después redactan. Primero entierran, luego justifican. Y el pueblo, como siempre, se entera por un comunicado frío, sin nombres, sin rostros, sin historias.
Lo que complica aún más el caso es que la embarcación destruida —un Carolina Skiff de uso privado— había sido reportada como robada en Estados Unidos, según reportaron varias fuentes. El dueño pertenece a la familia de un empresario de Miami y, en una llamada telefónica, aseguró que uno de sus empleados de confianza sustrajo el bote sin su conocimiento.
Se enteró de todo cuando el MININT informó del supuesto enfrentamiento. De esta manera, la tragedia de cuatro muertos tras el enfrentamiento entre una lancha procedente de Florida y fuerzas del régimen cubano impactó a las familias, que descubren la muerte de los suyos por una nota oficial redactada con más épica que humanidad.
Hasta el momento se desconoce si entre los fallecidos se encuentra el empleado señalado como responsable del robo. Tampoco se han ofrecido las identidades de las víctimas. Cuatro “agresores abatidos”, dice el parte. Sin embargo, el saldo de cuatro muertos tras enfrentamiento entre una lancha procedente de Florida y fuerzas del régimen cubano permanece bajo investigación.
En Cuba los muertos incómodos no tienen nombre, tienen categoría política. Son agresores, mercenarios, terroristas. Nunca padres, hijos o muchachos desesperados que, por la razón que sea, terminaron en el lugar equivocado frente a un Estado que no sabe dialogar sin sacar las armas.
Aquí hay un punto que no se puede obviar: si en este país existiera libertad, oportunidades reales y un mínimo de prosperidad, nadie estaría jugando a la guerra en el mar. La dictadura ha convertido el Estrecho de la Florida en un cementerio intermitente.
Durante décadas, miles de cubanos han arriesgado la vida huyendo de la miseria que el propio régimen creó. Y cuando el flujo se invierte o cuando una lancha aparece en dirección contraria, la respuesta vuelve a ser la misma: plomo y propaganda. En ocasiones, como ahora, ocurre un enfrentamiento entre una lancha procedente de Florida y fuerzas del régimen cubano que deja cuatro muertos.
Resulta curioso que un Estado que no puede garantizar medicamentos, electricidad ni comida, sí tenga precisión quirúrgica para neutralizar embarcaciones. Para reprimir nunca falta combustible. Para disparar nunca hay apagón. Pero para sostener hospitales y escuelas siempre existe una excusa: el bloqueo, el enemigo externo, la narrativa reciclada que ya ni convence a los que la repiten en voz baja.
Las investigaciones —dicen— continúan para el total esclarecimiento de los hechos. En Cuba, cuando el poder investiga al poder, la verdad suele terminar archivada. Cuatro muertos tras enfrentamiento entre una lancha procedente de Florida y fuerzas del régimen cubano, esta vez en aguas cubanas, reflejan la normalización de la violencia bajo el sistema.En síntesis, el caso de cuatro muertos tras enfrentamiento entre una lancha procedente de Florida y fuerzas del régimen cubano muestra las consecuencias de la represión.
Mientras la dictadura siga intacta, el mar seguirá siendo frontera, tumba y coartada.