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Por Ulises Aquino Guerra ()

La Habana.- Como muchos cubanos, estoy al tanto de los acontecimientos que día a día se suceden alrededor de la miseria entronizada en nuestro país.

Desde Estados Unidos, políticos e influencers ya tienen diseñado un plan para la recuperación de Cuba. En palabras de Díaz-Balart, miles de millones de inversores traerán la recuperación económica de la nación, y en palabras de Rosa María Payá, ya tienen estructurado el Gobierno de Transición para Cuba.

Por otro lado, los misterios de los contactos entre Marco Rubio y el famoso Cangrejo. Que si es verdad o mentira. Otras fuentes especulan sobre encuentros entre el hijo del General con la CIA en México.

El Embajador Hammer, que queda poco tiempo a la dictadura, y el Vaticano se reúne con él y con representantes de la Iglesia Católica cubana.

Mientras todo esto ocurre, los que no somos parte de este asunto, ni somos tenidos en cuenta para nada, vivimos hacinados, con la basura hasta el cuello, sin transporte para movernos y cada vez con menos recursos para acceder a los alimentos de cada día. En medio de apagones interminables y con una parálisis y una incertidumbre de vida que destroza tan miserable existencia.

No somos tenidos en cuenta, ni por los de aquí, ni por los de allá. Hablan en nuestro nombre y nosotros callados.

Mientras tanto, nuestro pueblo, el que está malviviendo y sufriendo, no tiene voz en todo este marasmo.

Me pregunto constantemente si consideran que los que vivimos en Cuba somos tontos e incapaces.

Los que quieren invertir desde allá lo hacen para que ganen los de allá, no los de acá. Ninguno habla de la participación de los de aquí. Es decir, que los de aquí viviremos sin la basura que nos rodea y volveremos a depender de las decisiones de otros, y como siempre, nunca nos tendrán en cuenta.

Por acá, silencio.

No se les ocurre nada, ni siquiera cómo recoger la basura, que nada tiene que ver con esta situación, porque así llevamos varios años, retrasándonos varios siglos atrás y también sin tenernos en cuenta.

Me temo que en este contencioso ganarán los de siempre, y perderán los mismos de siempre.

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