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Por Robert Prat ()
Miami.- El rumor que empezó como una mirada elocuente al final de la temporada pasada, cuando Cody Bellinger clavó sus ojos en el casillero de Aaron Judge, se ha convertido en una realidad de 162.5 millones de dólares. El acuerdo por cinco años que confirma su regreso a los Yankees no es solo una transacción; es la clausura de una negociación de invierno que puso a prueba la paciencia de Brian Cashman y, sobre todo, la estrategia de su temible agente, Scott Boras.
Bellinger, el bateador zurdo más codiciado del mercado, finalmente bajó sus aspiraciones de siete años y aceptó el plazo que la gerencia de Nueva York jamás estuvo dispuesta a sobrepasar.
La negociación fue un pulso clásico entre la filosofía yankee y el método Boras. El agente manejó la ilusión de un mercado de ocho equipos interesados, buscando extender el contrato hacia la zona de riesgo que Nueva York se niega a habitar.
Cashman, por su parte, se aferró a su línea roja: máximo cinco años, concesiones en cláusulas de salida y un bono por firmar sustancial, pero sin ceder en la extensión. Al final, fue Boras quien tuvo que plegarse al calendario biológico de su cliente (30 años) y a la realidad de un mercado que ya había visto caer las fichas mayores de Tucker y Bichette.
Más allá de las cifras, el acuerdo certifica un matrimonio deportivo que funcionó desde el primer día. Bellinger no solo revivió su carrera en el Bronx, bateando .272 con 29 jonrones y un WAR de 5.1; se infiltró en la cultura del clubhouse con una versatilidad y un atletismo que conquistaron a Aaron Boone y, crucialmente, a la camarilla de líderes del vestuario. Su confesión de octubre sobre lo «especial» que era ponerse el uniforme no fue retórica para la prensa; fue la antesala de una negociación donde el deseo mutuo pesó tanto como las estadísticas.
Con Bellinger asegurado en el jardín izquierdo —y con capacidad para cubrir la primera base—, el panorama ofensivo y defensivo de los Yankees adquiere una forma letal. La proyección de una alineación con Judge, Bellinger y un Grisham defensivo en el centro, es un mensaje claro a la Liga Americana: el poder y la flexibilidad serán los pilares. Pero, sobre todo, la firma da a Cashman un lujo estratégico: la capacidad de explorar el mercado de cambios con jóvenes como Jasson Domínguez o el prometedor Spencer Jones como carnada de alto valor.
El regreso de Bellinger, sin embargo, es también una apuesta a que su resurrección de 2025 no fue un espejismo. Después de años de lucha tras su MVP de 2019 con los Dodgers, encontró en Nueva York el escenario y la confianza para volver a ser un jugador de impacto. Los Yankees le pagan no solo por lo que hizo, sino por la convicción de que, a los 30 años y en el entorno correcto, su curva ascendente puede mantenerse durante la duración del contrato. Es una apuesta sobre su mentalidad tanto como sobre su swing.
Así, el círculo se cierra. Lo que empezó como un experimento de un año tras un cambio con los Cubs, termina como un compromiso de mediana duración. Bellinger obtiene su seguridad económica y el uniforme que ama; los Yankees aseguran una pieza fundamental sin hipotecar su futuro lejano; y Boras, aunque no logró el megacontrato de siete años, consigue un premio de consolación monumental.
En el Bronx, el invierno ya tiene su pieza central. El resto, como dijo Boone, son problemas de abundancia que la competencia y el talento tienden a resolver solos.