Newsletter Subscribe
Enter your email address below and subscribe to our newsletter

Por Jorge L. León (Historiador e investigador)
Hay pánico en la Habana, brota un miedo frio, ¡¡¡el fin está llegando!!!
Houston.- El panorama para la dictadura cubana es desolador y se torna cada día más sombrío. La red de aliados que sostenían al régimen se desintegra ante sus propios ojos. Honduras ha dicho un rotundo “no” al socialismo, dando un golpe político que resuena en toda la región. Venezuela, el otrora bastión chavista, apenas sobrevive y su caída es inevitable, un derrumbe anunciado y seguro. Nicaragua, el silencio total, una complicidad muda que no ofrece ninguna esperanza.
México arde en denuncias, enfrentando a una narco-presidenta señalada por su complicidad directa con el crimen organizado, mientras Rusia y China, las otras potencias que alguna vez miraron hacia La Habana, hoy están absortas en sus propios conflictos internos, incapaces de ofrecer apoyo real o atención. Europa, que ayer volteaba la vista con ceguera calculada, ahora simplemente se aparta sin disimulo.
En este escenario, Cuba está horrorizada, atrapada en un callejón sin salida. El sistema que alguna vez prometió una “revolución” igualitaria, ahora se desmorona, víctima de su propia corrupción, incompetencia y traición. El comunismo cubano es un cadáver político que camina, nervioso y errático, con el miedo palpable al futuro que se avecina.
El sostén principal de la tiranía —un estado narcoterrorista en ruinas— se deshace ante la presión internacional y las palabras firmes de líderes como Donald Trump, que advierte: “Esto no acaba aquí… vamos por más”. Cuba está en la mira, bajo un escrutinio que no perdona ni olvida.
La historia de la llamada revolución cubana está llegando a su fin. Lo que queda es un régimen podrido, corroído desde dentro, que contempla impotente el giro histórico que está destruyendo el socialismo en la región. La caída no solo es posible: es inevitable.