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Por Ulises Toirac ()
La Habana.- Se nota un ambiente raro. Quizás influye en ello un clima gris y lluvioso, pero lo que es cierto, es que hay un ambiente enrarecido. Y no se avisoran medidas concretas encaminadas a propiciar un cambio en las condiciones actuales del país.
El dólar superó hace rato la cifra de 400 pesos cubanos, los apagones se hacen casi permanentes, el desabastecimiento es brutal. Las condiciones en que vive el cubano medio superaron hace mucho tiempo su capacidad de respuesta.
He escuchado decir a personas en el interior, que sienten más intranquilidad cuando viene la electricidad que cuando se va, porque cuando hay electricidad están pendientes cada segundo del momento en que se irá. Algo absolutamente absurdo.
Sin embargo no hay medidas encaminadas a superar este escenario. Ni siquiera malas. Y eso me aterra.
En la palestra solo se escucha acerca del SEN y de parques fotovoltaicos que en un futuro ‘mejorarían’ la producción de energía eléctrica. Pero aún aceptando que ello fuera cierto, la electricidad no se come.
Se precisarían medidas para eliminar el ‘subsidio’ de ese renglón, que no es más que el reflejo concreto de todo el absurdo económico: la gente no puede pagar con su dinero el desarrollo energético del país. Inventen lo que inventen, la venta de electricidad no va a recaudar lo necesario para hacer crecer esa industria y permitirle mantenerse en condiciones de operatividad confiable.
Mientras el cliente no disponga del dinero que pueda pagar lo que consume (y por tanto haya que subsidiar el servicio), no importan las maromas que se hagan.
Así de simple. Y se sabe. No es que yo descubra el agua tibia.
No sé. Se siente raro el silencio.