
La noche en que la Armada japonesa aprendió que la oscuridad no perdona
Por Rafa Junco ()
Madrid.- La Armada Imperial Japonesa quería aprender a pelear de noche. La noche del 24 de agosto de 1927 descubrió cuánto podía costar ese entrenamiento incluso sin un enemigo enfrente.
Frente a Mihonoseki, en Shimane, decenas de buques navegaban sin luces, en formación cerrada y a toda velocidad. El objetivo era entrenar los ojos para encontrar siluetas en la oscuridad, maniobrar casi a ciegas y mantener la disciplina cuando apenas se distinguía el barco que navegaba unos cientos de metros más adelante. El radar no existía. Solo quedaba la pericia y el instinto. Y aquella noche, el instinto falló.
Poco después de las 23:00, el crucero ligero Jintsu se encontró de frente con el destructor Warabi. El Warabi desplazaba 850 toneladas. El Jintsu era varias veces más grande. La maniobra evasiva llegó demasiado tarde. El crucero golpeó al destructor casi de costado. El Warabi se partió. Una mitad desapareció bajo el agua. La otra quedó separada a varios kilómetros de distancia. 92 hombres murieron en el acto. Pero la noche todavía no había terminado.
Mas muertos y choques
El crucero Naka, que navegaba detrás del Jintsu, vio fuego y confusión por delante e intentó apartarse. Entonces apareció otro destructor en la oscuridad. Era el Ashi. El Naka chocó contra él y le arrancó buena parte de la popa. 27 marineros más murieron.
En cuestión de minutos, cuatro buques japoneses habían colisionado entre sí durante un entrenamiento. 119 hombres muertos. Nadie había disparado una sola bala contra ellos. El Jintsu perdió gran parte de la proa y tuvo que ser remolcado hasta Maizuru por el acorazado Kongo.
Su comandante, Keiji Mizushiro, quedó sometido a investigación. El 26 de diciembre, antes de que terminaran los procedimientos, se suicidó.
Pero la reacción de la Armada Imperial Japonesa resulta reveladora. No abandonó el entrenamiento nocturno. Lo consideraba demasiado importante. Las maniobras continuaron y durante los años siguientes la flota perfeccionó tácticas basadas en aproximaciones nocturnas, torpedos de largo alcance y ataques coordinados en condiciones de escasa visibilidad.
El destino del Warabi
Quince años después, durante la batalla de la isla de Savo, esa preparación mostró su lado más eficaz. En la madrugada del 9 de agosto de 1942, una fuerza japonesa sorprendió frente a Guadalcanal a varios cruceros aliados y hundió cuatro de ellos. Fue una de las derrotas navales más graves sufridas por Estados Unidos en el Pacífico.
El desastre de 1927 había mostrado el precio de combatir en la oscuridad. La Armada japonesa decidió aprender a hacerlo mejor.
Y quedó todavía otra historia bajo el agua. Durante décadas nadie supo con precisión dónde había terminado el Warabi. En septiembre de 2020, 93 años después de la colisión, investigadores localizaron su sección de proa en el fondo del mar. En julio de 2021 encontraron la parte trasera. Las dos secciones estaban separadas por varios kilómetros.
El mar había conservado durante casi un siglo la evidencia física de aquella noche. El destructor seguía exactamente como había quedado después del impacto. Partido en dos. Como aquella noche. Como los 119 hombres que murieron aprendiendo a pelear en la oscuridad.



















