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Por Jorge Sotero ()

La Habana.- El régimen cubano, que ya ha convertido la escasez en política de Estado, enfrenta ahora un nuevo y sonoro revés en su maltrecha infraestructura aeronáutica. Los dos últimos aviones de largo alcance que le quedan a la isla, un Ilyushin Il-96-300 y un Tupolev Tu-204, permanecen retenidos en Rusia tras ser reparados en la planta de Voronezh, y la cúpula del Ministerio de Transporte teme que Moscú pueda quedarse con ambas aeronaves si La Habana no paga la factura, que ronda los 10 millones de dólares.

La preocupación ha llegado a los niveles más altos del gobierno. Según una fuente anónima del Ministerio de Transporte citada por El Vigía de Cuba, el presidente Miguel Díaz-Canel, el general Jorge Amado Ricardo Guerra —el hombre que controla las finanzas en la cúpula—, el primer ministro Manuel Marrero e incluso el nieto de Raúl Castro, conocido como «El Cangrejo», están al tanto de la delicada situación. La fuente asegura que, de no depositarse el monto total de la reparación, los rusos podrían quedarse en propiedad con ambas aeronaves, de cuyo modelo hay cada vez menos en el mundo, incluso en la propia Rusia.

La odisea de estos aviones es un reflejo de la decadencia de Cubana de Aviación, que en otros tiempos fue una aerolínea de bandera con vuelos regulares a destinos de América, Europa y África. Hoy, la compañía apenas opera vuelos internos con aeronaves más pequeñas, y su flota de largo alcance se reduce a estas dos naves, que han sido objeto de un calvario de reparaciones y almacenamiento. El Il-96, por ejemplo, pasó largos períodos varado en La Habana y en Bielorrusia entre 2022 y 2025 antes de ser enviado a Rusia para su restauración.

Los dan por perdidos

La reparación en la planta de Voronezh, que forma parte de un acuerdo firmado entre La Habana y el Kremlin en 2019 para «restaurar la aeronavegabilidad» de los aviones cubanos, se ha visto complicada por el contexto bélico en la región. En marzo de 2026, durante una incursión de drones ucranianos, ambas aeronaves resultaron dañadas en la instalación rusa. Aunque las versiones sobre la gravedad de los impactos son contradictorias —algunas fuentes hablan de daños menores y otras de que el Il-96 quedó inoperante— lo cierto es que el incidente disparó los costos de la reparación, dejando la factura final en una cifra que el empobrecido Estado cubano no puede afrontar.

Cuba, como Estado miembro de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), está obligada a cumplir con los estrictos estándares de mantenimiento y aeronavegabilidad que exigen los Anexos 6 y 8 de la organización. Pero el cumplimiento de esas normas choca con la realidad de un país que no tiene divisas para pagar ni siquiera el combustible de sus aviones. La paradoja es brutal: mientras la cúpula castrista se aferra a su retórica de «resistencia», sus últimas naves de largo alcance permanecen en tierra rusa, a la espera de un rescate financiero que parece tan improbable como la llegada del socialismo próspero que prometieron.

La fuente del Ministerio de Transporte, que insistió en no revelar su nombre, no cree que ninguna gestión diplomática de la dirigencia cubana con el gobierno ruso vaya a resolver el problema y permitir la liberación de los dos aviones. El temor, más que fundado, es que Moscú, que ya ha demostrado su pragmatismo en otras ocasiones, decida ejecutar la garantía y quedarse con las aeronaves como pago de la deuda. Sería el colmo de la ironía: un régimen que se jacta de su soberanía, incapaz de recuperar dos aviones que son propiedad del Estado, perdería sus últimas conexiones con el mundo exterior. Y mientras los dirigentes se debaten entre la impotencia y el silencio, los cubanos seguirán viendo pasar los aviones por encima de sus cabezas, sin saber si alguno de ellos volverá a llevar el nombre de Cubana de Aviación.

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