
Díaz-Canel y el arte de salir en la foto con el pie
Por Max Astudillo ()
La Habana.- La periodista Mónica Bergamo, de la Folha de S. Paulo, no sabía que iba a entrevistar a un presidente, sino a un boxeador de palabras. Porque Miguel Díaz-Canel llegó al combate con los puños en alto, dispuesto a noquear a su entrevistadora con el argumento más sólido que posee: el bloqueo. Si la entrevista fuera un partido de fútbol, el presidente habría marcado un gol en propia puerta, porque cada respuesta suya fue una oportunidad para que los críticos sacaran la lupa y encontraran más fisuras que en un edificio de la calle Monte.
No es culpa de Bergamo, ni de la Folha, ni de los medios «enemigos». Es que cuando uno lleva décadas diciendo que el agua moja, pero el agua resulta que no moja porque la culpa es del imperialismo, cualquier periodista con dos dedos de frente va a preguntar: «Pero, presidente, si el agua no moja, ¿cómo es que usted se baña todos los días?».
El presidente, que es un hombre de discursos firmes, aseguró que Cuba es una «Gaza silenciosa», un «bombardeo sin bombas». Una metáfora que le sienta como un tiro, porque, efectivamente, la gente vive en la oscuridad, pero no por bombas, sino porque el sistema eléctrico no da para más. Las bombas son las facturas de la luz, que nadie paga porque no hay luz.
La verdad noqueada
Y cuando le preguntaron sobre su posible muerte en una intervención militar, respondió con la épica de un guerrero: «Si llega mi hora, llegó. Pero no va a ser con debilidad y cobardía. Va a ser luchando». Es la misma épica con la que los soldados de la Revolución enfrentan la escasez de papel higiénico en las tiendas: con la frente en alto y el trasero en la mano.
La entrevista, que los medios «enemigos» han calificado de «derrota», fue todo lo contrario: fue una victoria. Una victoria de la coherencia, de la firmeza ideológica, de la capacidad de repetir las mismas frases durante décadas sin inmutarse. Porque, como bien dijo el presidente, las 176 reformas económicas no son un giro capitalista, sino «medidas de supervivencia». Como cuando un náufrago se come su propio zapato: no es que se haya vuelto gourmet, es que el hambre aprieta.
Al final, la entrevista de la Folha de S. Paulo no fue más que el enésimo capítulo de una serie que ya conocemos de memoria: el presidente habla, el mundo se ríe, el bloqueo es el culpable y el pueblo cubano sigue esperando que el agua, finalmente, moje. Porque en este combate, el único boxeador que ha sido noqueado es la verdad. Y el árbitro, como siempre, es el régimen.



















