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Por Redacción Internacional
Zurich.- El Gobierno de Suiza anunció, sin rodeos y con efecto inmediato, la congelación de todos los activos que en su territorio estén vinculados a Nicolás Maduro. El mensaje fue publicado en la red social X y, aunque breve, dice más de lo que aparenta.
No se trata de un gesto simbólico ni de una declaración diplomática de compromiso: es una acción concreta que apunta directamente al bolsillo del poder venezolano, ese que durante años ha operado con total impunidad fuera de sus fronteras.
La decisión suiza se produce en un contexto donde cada vez son menos los países dispuestos a mirar hacia otro lado. Berna dejó claro que, en caso de descubrirse que dichos activos tienen un origen ilícito, hará todo lo posible para que esos recursos beneficien a la población venezolana.
No es una frase de relleno. Es una advertencia directa a una élite gobernante acostumbrada a esconder fortunas mientras el país que dicen dirigir se hunde en la miseria más absoluta.
Que Suiza —históricamente conocida por su banca discreta y su neutralidad— adopte este tipo de medidas no es un detalle menor. Es, en términos políticos, una señal de hartazgo. Incluso los países más cuidadosos empiezan a reconocer que el dinero del chavismo no es producto de una gestión eficiente, sino del saqueo sistemático de una nación rica convertida en ruinas por una cúpula corrupta.
Al final, la congelación de activos no resolverá por sí sola la tragedia venezolana, pero sí desmonta uno de los pilares del régimen: la comodidad de sus cuentas en el exterior. Cada paso que cierre esas válvulas financieras acerca un poco más el momento en que Maduro y su entorno tengan que responder por lo que han hecho. Y cuando eso ocurra, ya no habrá tweets que congelen la realidad.