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Por Luis Alberto Ramirez ()
MIami.- En Cuba ya no se habla de una sola epidemia, sino de un mosaico de enfermedades que avanzan sin control: dengue, chikungunya, zika, oropouche, Covid-19, el virus del Nilo Occidental y, para colmo, un cuadro clínico desconocido que enferma a la gente sin que nadie sepa exactamente de qué se trata. El país entero parece estar sumido en un laboratorio de crisis sanitaria permanente, donde cada día aparece un nuevo padecimiento y donde el Estado, en vez de actuar, mira hacia otro lado.
Los hospitales, las morgues y los cementerios se encuentran colapsados. Las denuncias hablan incluso de la apertura de fosas comunes ante la falta de espacio, un hecho que el gobierno intenta esconder bajo el manto de su habitual desinformación. Las cifras oficiales, como siempre, no coinciden con lo que vive el ciudadano de a pie; la versión estatal es un espejismo, una fantasía burocrática sin relación con la realidad.
Mientras tanto, el país se ha convertido literalmente en un gran basurero. La acumulación de desechos en calles, solares y avenidas, la falta de fumigación y el deterioro del sistema sanitario han creado un terreno fértil para mosquitos, ratas y toda clase de vectores de enfermedades. En esa mezcla peligrosa proliferan virus, bacterias y, como si fuera poco, dirigentes inútiles que no encuentran, o no quieren encontrar, soluciones.
El gobierno insiste en enterrar la cabeza bajo la arena, mintiendo, maquillando cifras, ocultando muertes y bloqueando información. Pero las redes sociales cuentan otra historia: videos, fotos y testimonios muestran una crisis sanitaria absolutamente distinta a la que describe la propaganda oficial. Muertes inexplicables de niños y ancianos, hospitales en condiciones deplorables, personal agotado, salas sin medicamentos y funerarias que ya no dan abasto conforman el verdadero retrato de la isla. La gente no va a los hospitales ni a las salas de emergencias porque es perder el tiempo, porque no hay nada que los médicos puedan hacer.
Encima de esta tragedia sanitaria, Cuba vive la peor escasez de medicamentos en décadas. Ni en hospitales ni en farmacias se encuentran fármacos básicos. La gente enfrenta fiebre, diarreas, deshidratación y dolores severos sin siquiera un paracetamol. La improvisación se ha convertido en el único tratamiento disponible para una población que ya no sabe qué más esperar.
La crisis ha llegado a un nivel en que el país necesita urgentemente una intervención humanitaria. Si la ONU continúa sin responder al llamado de auxilio del pueblo cubano, entonces organismos como la OPS o la OMS tendrán que actuar antes de que la situación se torne irreversible. Porque, al ritmo actual, los cubanos no solo están enfermos o desamparados: están en riesgo real de desaparecer como especie dentro de su propio territorio. Cuba agoniza mientras su gobierno se dedica a proteger su relato político en lugar de proteger vidas. Y el tiempo, tristemente, se está agotando.