
Norah, la hermana que pintaba mientras el mundo recordaba al escritor
Por Rafa Junco ()
Madrid.- Había una hermana que pintaba mientras el mundo recordaba al escritor. Norah Borges nació dos años antes que su hermano Jorge Luis, y desde pequeña fue la que mandaba, trepaba árboles y se aventuraba por azoteas mientras él, tímido y temeroso, la seguía. Ella era la artista de la familia.
Cuando los Borges se fueron a Europa por problemas de visión de su padre, Norah estudió arte en Ginebra y se empapó de las vanguardias. En España, participó del ultraísmo, el mismo movimiento que marcó a su hermano. Mientras Jorge Luis construía Buenos Aires con palabras, ella le ponía imagen a su primer libro, Fervor de Buenos Aires (1923).
Pero Norah prefería pintar en silencio. Se encerraba en su casa por las mañanas y evitaba que la observaran. Su discreción, con los años, jugó en su contra: el apellido Borges se quedó casi exclusivamente para el escritor. Mientras él llenaba bibliotecas, ella llenaba cuadernos de dibujos y grabados. Pero su carácter, el mismo que Jorge Luis recordaba de la infancia, no había desaparecido.
‘La Hermana de Borges’
El 8 de septiembre de 1948, Norah y su madre, Leonor, participaron en una manifestación contra la reforma constitucional de Perón. Las detuvieron. Por su edad, Leonor quedó en arresto domiciliario; Norah, en cambio, fue enviada treinta días al Asilo San Miguel. Una cárcel de mujeres. Allí, en lugar de hundirse, hizo lo que sabía: comenzó a enseñar dibujo a las otras internas. Rezaba con ellas, y años después recordaba el lugar por sus pisos de baldosas blancas y negras, no por el encierro.
Jorge Luis Borges se convirtió en un mito universal. Norah siguió pintando, grabando, ilustrando. Vivió hasta 1998 y dejó una obra extensa, pero la historia la redujo a una frase demasiado pequeña: “la hermana de Borges”. Como si su vida fuera solo un apéndice del genio. Como si sus pinceles hubieran sido solo sombras de las palabras de su hermano.
Pero la relación entre ambos se entiende mejor mirando la infancia. Ella avanzaba. Georgie la seguía. Norah Borges no fue la hermana de nadie. Fue una artista que, por el azar de los apellidos, quedó a la sombra de un gigante. Aunque, para ser justos, ella nunca quiso ser el centro del mundo. Solo quería pintar en silencio, y que la dejaran en paz. Y eso, en la historia del arte, es quizás el mayor de los lujos.



















